(2-1) Celta-Valencia: Tarde de meigas…

Ya se sabe que, en Galicia, haberlas haylas. Y cómo no creérselo después del trago que tuvo que pasar el Valencia de Juan Antonio Pizzi en el campo del Celta de Vigo. Partido dominado, con ventaja en el marcador y subidos en la ola de euforia desatada tras los dos partidos anteriores… hasta que arrancó el segundo tiempo. A partir de ahí, goles tras errores defensivos, lesiones en cadena, fallos a puerta vacía y una sensación generalizada: esto es cosa de brujas, o mejor dicho, de meigas. Y éstas son a prueba de cualquier ‘Due Diligence’.

La realidad de la previa era muy clara: auténtica ilusión por ver jugar de nuevo al Valencia. Quien lo hubiera dicho hace unos meses, incluso se apartaba de los pensamientos el crucial partido de la próxima semana en Madrid, porque Vigo significaba una nueva oportunidad para seguir reconciliándose con el fútbol gracias a la llegada de Juan Antonio Pizzi y todo su cuerpo técnico.

Todo la polvareda levantada por la filtración de los datos de la ‘Due Diligence’ –comisiones por fichajes, sueldos y primas de los jugadores, etc…- pasaba a un segundo plano conforme se acercaba la hora del partido. Pese a jugar fuera de casa, el rival invitaba a pensar en otra jornada victoriosa luciendo las virtudes de intensidad, presión y protagonismo que propugna el ‘Pizzismo’, y cualquier aficionado puede dar fe de que durante los primeros 45 minutos el romance siguió siendo muy tórrido.

Pero ¿qué pasó en el descanso? Ahí sí que habría que haber hecho una buena ‘Due Diligence’, y que por favor alguien filtrase cuanto antes qué afectó de tal manera a un equipo que cambió radicalmente su actitud, concentración y manera de jugar.

Pizzi, que ya pisó muchas veces como jugador Galicia, debió de pensar inmediatamente que tanto accidente sobre el terreno de juego era cosa de meigas, que ya se sabe que campan a sus anchas por aquellos lares. Tanto hicieron y deshicieron con el azar que en cuarenta y cinco minutos todo el globo de la ilusión valencianista se pinchó. El aficionado de a pie volvió a apagar el televisor o la radio cabreado y entristecido por no haber podido disfrutar de un buen tiempo de relax con su Valencia, regresando a su vida sin grandes comisiones o primas ¡por buen comportamiento!

Una realidad muy diferente a la que atraviesa un vestuario que se carga con mucha más presión a tres días de la vuelta de octavos de final en la Copa del Rey, incapaz de alejar al valencianismo de la cargada atmósfera de filtraciones, posibles compradores y demás asuntos institucionales en los que está sumergido el club. Es lo que tiene haber sufrido una dura tarde de meigas…