Alberto Fabra y ‘la Décima’

Quiero creer que andaba de cachondeo. Que el vino servido en la mesa era magnífico, de sabor añejo y de fino ‘bouquet’. O que la memoria le ha jugado una mala pasada y el resto de apuntes sobre el tema han quedado en el tintero. Sea lo que sea, resultan verdaderamente bizarras las últimas palabras de Alberto Fabra sobre la venta del Valencia. Bizarras por el ‘timing’, bizarras por la lectura que se puede hacer de ellas.

No da especial buen ‘feeling’ al aficionado de a pie el escuchar al máximo dirigente político de su autonomía utilizar la conquista de una Liga de Campeones en menos de 24 meses como el baremo más importante a la hora de escoger comprador para el club. No tiene ni pies ni cabeza. En el mundo empresarial se calificaría como “criterio poco profesional”.

El hincha, el del gorro y la bufanda, puede ser pasional y de memoria corta, pero dista mucho de ser gilipollas. Y apelar al Santo Grial del valencianismo, que se rozó con los dedos en 2000 y 2001, no toca en estos momentos. Con tasas de paro que hace tiempo rompieron el techo del pisito y con la situación actual de la Comunitat, el fútbol debería constituir un asunto muy secundario en la agenda del mandatario. Pero si hacemos un ejercicio de ceguera y admitimos que la venta del Valencia cobre importancia en primera plana, la seriedad con la que la clase política debe afrontar dicho asunto está varios puntos por encima de lo demostrado por el President en su última comparecencia.

Al aficionado valencianista le da igual ahora mismo la Liga de Campeones. Le da igual porque hay problemas más acuciantes a corto plazo en el club, bloqueado en pleno proceso de cambio de manos. El seguidor quiere liquidar la deuda con el banco y arrancar la construcción de ese unicornio llamado Nuevo Mestalla. Quiere un proyecto sólido, solvente, a largo plazo, que combine lo de casa y lo de fuera. Quiere que se hagan las cosas con responsabilidad en su institución. Quiere que se respete al que acude cada dos semanas al campo.

Sí, los nombres y estrellas lucen sobre el papel y brillan con fuerza, pero el valencianista siempre se ha puesto infinitamente más cachondo con un bloque compacto, riguroso, bronco e imparable. Algo parecido a lo que Pizzi y Rufete se traen entre manos y que cada semana empezamos a atisbar sobre el césped. Ni siquiera eso es garantía de éxito. Cúper estuvo cerca, pero fracasó por partida doble. Barça, Manchester, Milan, Juventus… todos los grandes clubes europeos han atravesado larguísimas épocas de sequía para conquistar la ‘Orejona’. En algunos casos, como el Madrid, lo de “la Décima” ya se ha convertido en el chascarrillo favorito de media España.

Hablar y bromear sobre ganar la Champions en una cena entre amiguetes –Fabra y Goirigolzarri lo son– es bonito y da para un gran titular en la Cadena Cope, pero eso debe quedar entre bambalinas. Los asesores deberían tener cuidado cuando el político de turno, independientemente de su cargo, se lanza en plancha al barro del balompié. Intentar ser populista y manejar mal los tiempos conforman una combinación explosiva para cualquier dirigente. Fabra ya tiene suficientes expertos en populismo en sus filas: le iría mejor si dejase de intentar imitarlos y se dedica a trabajar.

 

Paco Polit (@pacopolit)

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