Ante el inicio de una nueva década

Hace diez años el Valencia se convirtió en el mejor club del mundo. Aquella fue una distinción tan categórica como merecida. El Valencia culminó un ciclo glorioso, supo crecer ante la adversidad y superar todas las dificultades que se cruzaron en el camino hasta lograr imponer su ley.

Una década después, al evocar esta efeméride, aumenta la sensación de frustración por el presente y por la oportunidad pérdida para mantenerse en lo más alto. Aquel ejercicio del doblete provoca añoranza; los días de vino y rosas han quedado grabados en la memoria colectiva del valencianismo. El club de Mestalla se erigió en el principal referente del fútbol español y en la gran alternativa que desafiaba a los imperios favorecidos por una inercia arraigada.

Aquella primavera gozosa de 2004 fue el preludio de una progresiva decadencia. Después de tocar el cielo, de erigirse en el espejo en el que todos se miraban, el Valencia inició un imparable descenso competitivo con algún paréntesis brillante, alegrías contadas, y con la irremediable renuncia a sus mejores activos.

La venta forzosa de sus jugadores estelares contribuyó a desmoralizar a una afición confundida por la sucesión precipitada de acontecimientos en los despachos y en el vestuario. Un solitario título en este período se antoja como un pobre balance para una entidad que dispuso de excelentes recursos poco rentabilizados.

Todo apunta a que se cierra una época y que está a punto de iniciarse una nueva, con un modelo de organización diferente. Entre la curiosidad y la expectación, con algunas dudas flotando en el aire, el desembarco de Peter Lim supone un triunfo personal de Amadeo Salvo que ha logrado su objetivo: además de salirse con la suya se ha ganado un respaldo mayoritario de la afición. Ese aval popular debe interpretarlo como un voto de confianza pero también como una obligación de cara al futuro inmediato.

Después de una temporada agitada en lo social y más que mediocre en lo deportivo, se ha de generar un clima de estabilidad institucional para devolver al Valencia al lugar que le corresponde. Una aspiración compartida por una inmensa mayoría. No es momento para revanchas personales ni ajustes de cuentas. Los intereses de la entidad deben prevalecer.

 

Paco Lloret (@pacolloret_)

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