El imperio de la sinrazón

Quiero imaginar que el partido de Kiev será suspendido a lo largo del día de hoy antes de que el avión despegue de Manises al filo de mediodía con la expedición del Valencia a bordo.  Le doy todavía un voto de confianza a quienes ostentan cargos de responsabilidad en la UEFA pese a que recuerdo algunos precedentes que invitan más bien al pesimismo. Sin embargo, no concibo que se vaya a jugar en el estadio Valery Lobanowsky el partido ante el Dynamo después de ver las imágenes de las revueltas que agitan la vida en la capital de Ucrania y que han provocado numerosas muertes. Si se celebra el encuentro se asumen demasiados riesgos y, bajo el pretexto de aparentar una normalidad salpicada de sangre, se ofende el sentido común.

Todo esto se podía haber evitado hace tiempo, si se hubiera buscado un escenario alternativo, como ya ha pasado otras veces. El Valencia jugó en Rotterdam un encuentro de  la Copa de la UEFA 03-04 ante la inseguridad que se vivía en territorio israelí. La doctrina del organismo que rige el fútbol europeo está repleta de absurdas contradicciones. Igual se suspende un encuentro por una nimiedad o se toman medidas exageradas que se procede a jugar en escenarios inapropiados o en días donde la sociedad no está para cantar goles.

El 11 de septiembre de 2001, cuando aún humeaban las Torres Gemelas de Nueva York, sonaba la sintonía de la Liga de Campeones en el viejo continente. Aquella tragedia sorprendió al Valencia a orillas del Mar Negro, en Odessa, curiosamente, territorio ucraniano. A diferencia de lo sucedido en la Champions, aquel choque sí que fue suspendido al día siguiente, obligando a los de Mestalla a regresar una semana después.

Tres años después, el aciago 11 de marzo de 2004, tres equipos españoles: Valencia, Villarreal y Barcelona jugaron sus respectivos partidos con el ánimo hundido y sin ganas de nada. La UEFA les obligó a competir pese a las peticiones de suspensión. Aquella medida resultó un insulto a la sensibilidad humana. Recuerdo que Rafa Benítez recibió la inquietante noticia de que un familiar suyo se hallaba en uno de los trenes atacados por los terroristas en Madrid. Por fortuna, las heridas no fueron de consideración. Los valencianistas jugaron en Turquía uno de los partidos más tristes de su vida aquella noche.

Pero los desacatos no son propiedad exclusiva de la UEFA. Quienes rigen el fútbol español demostraron ayer su incompetencia y su falta de respeto al modificar el horario de varios encuentros-entre ellos, el del Valencia en Vallecas previsto para el primer fin de semana de marzo- sin ningún motivo serio que justificara tal decisión. Sin razón en el fondo,  y mucho menos en las formas, Tebas y compañía dejaron una nueva evidencia de su despotismo. En esas manos está el fútbol español.

 

Paco Lloret (@pacolloret_)

Deportes7