El Valencia ultima la llegada de Vargas y se hace a la idea de que será el único refuerzo ofensivo

Van cayendo los días y Rufete y Pizzi siguen sin poder anunciar definitivamente que Eduardo Vargas ya es nuevo jugador del Valencia. Las gestiones para la cesión se encuentran en la recta final, dándole el delantero deseado a un técnico argentino que comienza a asumir que la llegada de otro atacante con más gol no se hará realidad.

Y es que la tesorería del club está presidida por las telarañas, y además el espinoso asunto institucional sobre la venta del Valencia todavía añade más complicación a los movimientos de mercado que está llevando a cabo la dirección deportiva, maniatada en lo relativo a echar mano de los escasos fondos monetarios. Por eso se están quemando todas las naves en la figura del chileno Eduardo Vargas, al que desde hace días se le coloca a punto de tomar un avión rumbo a su nuevo destino y que aguarda con ansiedad el intercambio de papeles entre los dos clubes.

La realidad es que Valencia y Nápoles ya han limado los últimos detalles de un contrato de cesión que debería confirmarse oficialmente a última hora de este martes, o durante la jornada de mañana miércoles, uno que como indicaron en la jornada de ayer medios chilenos será hasta final de temporada con la opción de prorrogarlo hasta verano del 2015.

Lo que también apuntaban desde el país de nacimiento de Vargas es que la operación incluiría una posibilidad de comprar al futbolista por 7,3 millones de euros, supuesto negado categóricamente por Rufete, que recuerda que los italianos no serían tan torpes de permitir esta posibilidad cuando ellos pagaron hace dos años unos 12 millones de euros por su fichaje. De todas formas, parece ser que ambas partes acordarán una cantidad para negociar el próximo verano por los servicios del ex jugador del Gremio.

Lo que ya no podrá evitar el mánager general del Valencia es tener que pagar algo más de medio millón de euros por el préstamo del atacante, además de hacerse cargo de la mitad de la ficha, del auténtico objeto de deseo de Juan Antonio Pizzi desde su nombramiento como entrenador del equipo ‘ché’.

Un atacante con cifras goleadoras algo por debajo de lo que se espera de un refuerzo que debe paliar las enormes carencias ofensivas, pero del que se valora casi tanto como su acierto de cara a portería su facilidad para desbordar en el uno contra uno y además ser un factor capaz de alterar el curso de un partido.

Un perfil que los responsables de decidir la confección de la plantilla creen que no tienen ahora mismo, y por ello se han hecho todos los esfuerzos posibles para traerlo a Mestalla. Aunque todavía no hay fecha exacta para su incorporación -hacia finales de semana es un plazo bastante realista siempre que el Nápoles envíe de una vez por todas la documentación requerida-, en el Valencia existe convencimiento de que la fuerte presión que también está llevando a cabo el futbolista no dilatará mucho más unas negociaciones que entran en su recta final.

Lo que también empieza a asimilar Pizzi es que Vargas será el único atacante que le ‘regalen’ Rufete, Ayala y Salvans, por mucho que él hablara en sala de prensa del interés por fichar a dos delanteros en el mercado de invierno y pese a todos los rumores sobre futbolistas que han surgido en las últimas semanas.

El chileno que proviene del Nápoles convence plenamente al responsable de la parcela deportiva del club, que ha estado explicando al técnico argentino que la falta de recursos económicos, la dificultad para dar salida por el momento a Pabón y Canales, y los requisitos exigidos por alguno de los interesados en ser el complemento goleador limitan a sólo uno el número de refuerzos de enero salvo ganga -que no se espera- de ultimísima hora.