Este Valencia no tiene alma

El martes estuve en Madrid con dos ‘locos’ valencianistas en el Calderón. Quería volver a sentir el gusanillo de viajar con el Valencia . Aun recuerdo la ilusión con la que vivi mi primer desplazamiento hace ya muchos años. Jugaba el Valencia en Alicante contra el Hércules. Tres a cero y a casa, con triplete de Kustudic. El viaje mitigó el dolor y todavía mi buen amigo Juanmi y yo lo recordamos con un cariño especial. Fue en el año 1979 y la gran reflexión es que todavía sufro con el Valencia pero, lo más importante, todavia conservo al amigo.

Fue un viaje extraño, el del Calderón. Tres periodistas en la reserva viendo el partido como aficionados, como es más bonito el fútbol. Coincidimos con un tuitero valencianista y veterano como yo. El partido fue una decepción mas, aunque la conversación fue maravillosa. Hubo un momento en que dijo una frase contundente: “Es el Valencia con menos alma que he visto en mi vida”. Yo, para mis adentros, le di las gracias. “Ya tengo tema para la columna del viernes…”.

Porque efectivamente es un equipo sin alma. Sin alma deportiva -esto es pasajero- y sin alma social- esto es dolorosísimo-. El fútbol va por rachas, como la vida, pero la sociedad no. Y hemos vendido el alma al diablo: al bueno, si lo hay, y al malo. No sabemos nada. Hemos mercantilizado un sentimiento, una pasión, una forma de ver la vida, una ilusión.

Y lo peor es que sabiamos que pasaria. Entre sinverguenzas e inutiles -no se que es peor- han robado parte de nuestra historia, de la de todos. Han arruinado, vejado, utilizado el fútbol para primero ganar dinero y luego para ser personajes reconocidos. Qué triste, qué despreciables. Jugando y engañando. Aprovechándose de una sociedad que sigue sin defender lo suyo y a la que unos y otros han anestesiado.

El Valencia será chino, árabe o norteamericano- ¿Y qué más da, si nos da igual? Nos prometen, como a los niños, regalos maravillosos si nos portamos bien. Fichajes deslumbrantes. Un futuro glorioso. De verdad, que dejen de burlarse de nosotros. Ya está bien.

El fútbol me ha enseñado a ver la vida de forma distinta. Era en lo poco que creía. Como jugador y como aficionado. Mandaba el balón. Y el mejor, sobre todo en la infancia, solía ganar. Pero hemos vendido nuestra alma y nada será igual. Es un viaje sin retorno. Es el fin de una etapa. Es el inicio de un nuevo Valencia. Yo le deseo lo mejor, el corazón puede siempre con la cabeza, pero hoy todos somos un poco menos felices. ¿Por qué? Porque el idioma inglés le gana la partida al valenciano, la hamburguesa al ‘blanc-i-negre’ y el dinero a la pasión. Y, sintiéndolo mucho, eso me mata por dentro.

 

Carlos Egea (@cegeavivo)

Periodista NOU Radio