Ídolo de barro

Llego con polémica y con polémica se ha ido. Del ‘¿quién paga a Otamendi?’ hemos pasado al ‘Míster, no me pongas, me juego mucha plata’, sin olvidar el ‘Si vendo a Otamendi por menos de 50 millones, Peter Lim me mata’. Entre todas esas frases, el valencianismo ha disfrutado de un jugador de fútbol que pudo ser leyenda en Mestalla, pero que se conformará con ser recordado como una persona non grata para los aficionados ches.

5 de febrero de 2014. El Valencia CF anuncia oficialmente que ficha a Otamendi por 5 temporadas. El fichaje se cerraba por entre 12 y 15 millones de euros y se incorporaría a la disciplina valencianista el 1 de julio de ese mismo año. Tras una pretemporada en la que el jugador empezó titubeante, con algunos errores de bulto en los bolos veraniegos, el central argentino se fue ganando la confianza de la afición gracias a sus anticipaciones, su contundencia y su liderazgo, convirtiéndose poco a poco en referente de una afición falta de referentes, que eligió al argentino como hombre de referencia del equipo a las primeras de cambio, como un ídolo.

Poco o nada hacía pensar en lo que pasaría el 25 de mayo. El agente de Otamendi aseguraba en la Cadena SER que Otamendi quería marcharse y que haría lo posible por lograrlo. Empezaron los rumores, las especulaciones… y la Copa América, donde Otamendi salió a hablar y, lejos de desmentir la noticia o hacerse el loco, dijo que las palabras que habían salido de la boca Eugenio López eran ciertas: se quería ir del Valencia.

Se incorporó a los entrenamientos el 27 de julio, bajo la atención de todos los focos, de todas las miradas. No hizo declaraciones ni las ha hecho hasta ahora, de hecho se duda que las haga. Le dijo a Nuno que contara con él, que mientras no se cerrara su traspaso jugaría sin problema y sería uno más. Parece ser que se refería a partidos amistosos, porque en cuanto ha llegado la previa de la Champions el argentino ha dicho basta. Le comunicó a Nuno que no quería jugar más con la camiseta del Valencia. Un gesto que sentó como un jarro de agua fría en el vestuario, en el club y en una afición que se siente decepcionada con un hombre al que se lo han dado todo.

Dicen que madurar es aprender a despedirse. Otamendi salió mal del Oporto y ha salido mal del Valencia. Los euros llaman a su puerta. Ahora tendrá más dinero, pero ha perdido el cariño del valencianismo, aunque eso ha demostrado que le importa poco o nada. “Si juegas a fútbol por dinero, un día lo perderás todo”, palabras de Mustafi, el compañero en la zaga de Otamendi durante la temporada pasada. Decían que Mustafi aprendía de Otamendi, pero quizá sea el argentino el que deba aprender del alemán. General dentro del campo, soldado raso fuera de él.

Por Álvaro Benzal

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