Jackson Martínez: la ‘pantera’ con revólver que acalló el insulto

La ciudad colombiana de Quibdó recibía en 1986 la llegada de una futura estrella del fútbol. Mientras el Valencia CF de los Fernando Giner, Javier Subirats o Fernando Gómez se alzaban como campeones de la división de plata del fútbol español y consumaban su retorno a la élite un año después de la mano de Alfredo Di Stéfano, el primogénito de la familia Martínez Valencia se divertía imitando a un icono mundial de la música como Michael Jackson, afición que se materializó en el nombre de un ‘killer’ del área que ya cuenta los segundos para desembarcar en Mestalla.

Jackson Martínez es la definición del trabajo, la humildad y la lucha constante por un sueño. Aprendió el oficio de goleador en casa. Su padre, Orlando Martínez, no llegó a jugar en la Primera División de Colombia y desistió del fútbol porque no conseguía reunir el dinero suficiente para mantener a su familia. Se acomodó en la ciudad natal de Jackson como profesor de educación física.

Y fue en una de esas clases donde el pequeño ‘Cha-Cha-Cha’ (apodo por el que conocían a su padre) demostró que la magia del balón corría por sus venas. También cuando despedazaba las muñecas de sus hermanas para practicar el deporte rey con toda su pureza.

De las escuelas de Quibdó pasó a Medellín, la segunda zona más poblada de Colombia. Jackson abandonaba su hábitat y se llevaba la pasión por el fútbol de Orlando y la devoción por Dios de su madre Ernes Valencia, pilares de la idiosincrasia del delantero. Allí abrirían las puertas en el Deportivo Encizo y el Club Coopebombas.

Daría su primer gran salto en 2004 firmando por el Independiente de Medellín, una experiencia que catapultó su carrera pero que también le hizo madurar psicológicamente. El técnico Pedro Sarmiento, a pesar de las críticas y los insultos, apostó fuerte por un jovenzuelo inexperto, con mucho margen de mejora en lo físico y objeto también de las críticas y descalificaciones de parte de su hinchada.

El esfuerzo y el talento dieron sus frutos y poco a poco Jackson se ganó el favor de su afición y tomó la titularidad del equipo hasta firmar 65 goles en 156 partidos con el DIM. La llegada de Leonel Álvarez al banquillo potenció sus virtudes y en 2009 el jugador se erigía en el máximo goleador histórico del torneo colombiano con 18 tantos.

Su ciclo en Medellín había llegado a su fin y Jackson quería abandonar la entidad en busca de retos mayores. La única oferta en firme que llegó por él fue la del Ulsan Hyundai de Corea del Sur. A punto estuvo de seguir la experiencia exótica de referentes como Hulk cuando vio que el pliego de condiciones inicial para su marcha no era el esperado. Finalmente ficharía por el Jaguares Chiapa, previo pago de 3 millones de euros, y en sus dos primeras temporadas en el fútbol mexicano registró 16 goles.

En el curso 11/12 explotó sus condiciones como rematador con 20 goles, momento en que el Oporto, con una red de 250 ojeadores y que ha reclutado en sus filas a otros compatriotas de renombre como Radamel Falcao o James Rodríguez, se hacía con Jackson Martínez por 9 millones de euros. La típica operación del conjunto de Do Dagrao, que remitió este año al interés del Nápoles a su cláusula de rescisión de 40 millones de euros, cifra cercana a la que puede desembolsar Peter Lim para vestirle de blanquinegro.

El poderío y la eficacia de Jackson Martínez siguen encandilando a las principales potencias futbolísticas. Su facilidad en el remate le convierte en un seguro de gol, la principal baza de un delantero fuerte, potente en el juego aéreo y con una variante de recursos en el golpeo extraordinaria.

En sus dos temporadas con el Oporto se ha llevado la distinción de máximo goleador de Portugal y ha subido a su casillero personal 60 goles más, la mitad de ellos en esta última campaña con un equipo que ha bajado considerablemente su rendimiento con el baile de técnicos y que se ha quedado sin títulos.

Uno de los mejores ‘9’ del continente está muy próximo de jugar con el Valencia. Una incorporación de campanillas que quiere ser la carta de presentación de Peter Lim para la afición che. Una ‘pantera’ que se ha ganado el respeto a base de garra, sudor y una lluvia de goles.

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