Maltratados

El valencianismo hizo del partido ante el Sevilla un viaje especial. Más de 2.000 almas se acercaron al Pizjuán y juntas se concentraron en los aledaños entre cánticos, risas y buen ambiente. Especial porque eran muchos, porque querían mostrar a Sevilla quién había venido de visita, porque querían hacer ver a su equipo que “en las buenas y en las malas nunca dejan de animar”…

Ocho horas de viaje hicieron falta para trasladarse desde la Avenida Aragón hasta el Gol Sur del Sánchez Pizjuán. Y poco, muy poco hizo falta para que las dos aficiones se enfrentasen. De hecho, ni siquiera fue necesario bajar del autobús para ver a los anfitriones bramar en insultos al autobús blanquinegro que merodeaba por Sevilla.

Con la llegada de la afición todo transcurrió dentro de esa línea, muy fina quizás, que separa la normalidad de la lOcura. ¿Quién no vacila y presume de colores propios en una ciudad que jamás ha pisado? Banderas en las cristaleras de los autobuses, saludos simpáticos a peatones que vestían de blanco y rojo… Algo absolutamente normal y fuera de cualquier provocación exagerada.

Eso sí, antes de poner un solo pie en Tierra Santa ya se llegó a la exces0. Disturbios, altercados, valencianistas rodeados y alguna que otra chispa saltó, aunque no hubo fuego. Uno por uno, la Policía Nacional fue subiendo a los autocares a avisar de que, por favor, la afición del Valencia no sobrepasase lo que vendría a ser el frente contrario, el Gol Norte, “porque están los ultras del Sevilla y mejor que estéis por aquí”, argumentó un agente en el bus número 14. Hubo que motivar la estancia en aquella acera con un curioso “no os preocupéis, aquí tenéis cervecerías”.

Sin embargo, era inevitable. Los más atrevidos valencianistas pasearon por la trinchera de los Biris, y los más soberbios sevillistas cruzaron a animar el cotarro. Quizás fue el diluvio que cayó sobre la ciudad a poco más de una hora para comenzar el motivo de que no se levantara el fuego sobre los alrededores del estadio. Porque, desde luego, no fue decisión voluntaria de los más ‘sensatos’. O de los que deberían llevar este término a cuestas.

Chavales increpando junto a sus padres -que no sólo lo permitían, sino que lo incentivaban- fueron la estampa habitual en el callejeo valencianista. El mío me acariciaría el lomo si a mí se me ocurriese sacarle una peineta a los aficionados de otro equipo. Es evidente que, al final, las provocaciones vienen de los dos frentes, pero por los aledaños de Mestalla todos vemos aficionados contrarios caminando tranquilamente por cualquier parte del estadio. Y así debe de ser y seguir siendo.

Y lo cierto es que, una vez dentro del Sánchez Pizjuán, la hinchada valencianista estuvo atosigada. Con ojos inyectados en sangre se acercaban personas de todas las edades –importante el dato de la edad- con sus bufandas rojiblancas al cuello para echar su aliento al frente del Valencia que, razonablemente, estaba enjaulado.

Los gritos iban y venían de un lado a otro. No tengo ánimo de acusar a ningún maestro del insulto, ni de descubrir al pionero del enfrentamiento –la culpan es de todos-, pero desde la parte que me toca, la del lado valencianista, no tengo palabras para expresar la risa que me provocaron los intentos de superioridad en cada gol y durante toda la segunda mitad. Por ejemplo -me abstengo de comentarlo, sólo lo nombro- escuché: “¡Gitano, vete a robar cobre! Mírame, a ver si tú tienes tanto dinero como yo”. Como se suele decir: juzguen ustedes mismos. Cosas mucho más ingeniosas y retorcidas volaron, pero con esa uno ya no se queda con hambre.

Y tras el partido, en una calle cercana, las botellas volaron -como puede verse en el vídeo-. Es evidente, normal y habitual –aunque cuando se sobrepasan límites es lamentable- que haya enfrentamientos y ciertos choques de orgullo, sobretodo dentro de la grada, durante el partido, cuando palmas y te sientes impotente. Pero lo del Pizjuán, en las dos trincheras, sí que fue sobrepasar límites, insultar sin sentido, dejar de lado la impotencia y pasar al deseo de muerte.

Con todo, la conclusión es que el Valencia fue maltratado. No están bien vistos los valencianos en Sevilla, eso no es nuevo. No fueron sólo ultras sevillistas los que armaron escándalo o los que quisieron incendiar a base de hacer saltar chispas. En Mestalla es diferente, suele serlo, y espero que el jueves que viene el ambiente sea el de siempre. El de Amunt Valencia y el de #altrareAMUNTada.

Foto: Lázaro de la Peña / VCF

Mario Lupion (@MarioLupion)