Mestalla o la exigencia de una afición

El dinero ayuda y mucho. No nos vamos a engañar. El dinero puede salvar al Valencia de una muerte anunciada y esperada por muchos, de una completa desaparición de toda la institución. Pero hay cosas que no se pueden comprar.

No puede comprar al aficionado que canta en la Avenida de Suecia, cerveza en mano, horas antes del partido. Tampoco al abuelo que entra al campo con su paquete de pipas cuando todavía están encendiendo los focos. Y sin ninguna duda, no puede comprar a las 50.000 almas que animan a su equipo hasta la extenuación. Sin importar el resultado. Porque ahora, más que nunca, puede decirse que el Valencia es una forma de vivir.

El runrun de la grada cuando un jugador sube la banda, los aplausos cuando un chaval se tira al suelo para cortar el balón o la sensación de que el estadio se cae cuando un delantero de 1,63 se adelanta al mejor central del mundo. Eso no se puede comprar. No tiene nombre. Y lo tenemos aquí, bien cerca.

Peter Lim o el ricachón de turno podrá comprar muchas cosas, pero no el sentimiento. El sentimiento es algo innato, que se tiene o no se tiene. No hay nada más bonito que ir al campo a animar a tu equipo, porque todos sabemos que no es un club de fútbol. Es algo más. Para unos es un hobby, una manera de pasar un domingo antes de incorporarse a la rutina semanal. Para otros es nuestra gran pasión.

Defender al Valencia es como defender mi propia vida. Es luchar por algo que siento mío desde que nací y hasta que muera. Defender al Valencia es defender mi bandera, mi himno, mi país cuando juego en Europa. Defender al Valencia es defender mi historia, mis raíces y mi lengua.

Cuando viene el Barcelona, o el Madrid, ganar se convierte en una necesidad imperiosa. Son partidos distintos. Pero incluso perdiendo, si los jugadores han dado hasta su última gota de sudor, de energía, nos vale. En Valencia somos así. Una afición exigente pero que te da siempre mucho más de lo que te quita.

A veces, para avanzar, es necesario antes retroceder. El Valencia tiene que utilizar cada paso atrás para darse impulso. Y los resultados llegarán. Deseo con todas mis fuerzas que lo de Lim -o el que sea- salga y que el Valencia resurja, que se despierte el gigante dormido al que hizo referencia Djukic. Pero hay que respetar todo lo que este club representa y todo lo que tiene detrás. No todo es cuestión de dinero.

 

Manoj Nankani (@ManuNankani)