Napoleón y la fuerza del Valencia

“A los españoles les gusta renegar de su país y de sus instituciones, pero no permiten que lo hagan los extranjeros”

Esta frase fue pronunciada por Napoléon Bonaparte sobre los nativos patrios. Pero, con el permiso de la Historia, yo la modificaré y la adaptaré a los incondicionales del equipo de nuestros desvelos: el Valencia Club de Fútbol.

Porque desde que tengo uso de razón, el enfrentamiento entre los propios seguidores ha sido furibundo. Era bastante joven cuando me dejaba el alma discutiendo en la barra del Bar Cantó, en mi estudiantil barrio de Benimaclet, sobre las virtudes de Fernando Gómez. Mis adversarios, a buen seguro tan valencianistas como yo, decían que el juego de Tomás Reñones, mucho más físico y sacrificado, mejoraba el fútbol del equipo.

Pasaron los años, encontré en Aimar un nuevo ídolo y una nueva razón para la pelea dialéctica. De hecho la utilicé para meterle el dedo en el ojo a Manolo Montalt, el gran Calvo -mitad de aquella pareja de ‘El Calvo y el Zorro’ que completaba Salva Folgado-, en mi primera experiencia radiofónica en la añorada Radio 9. Podría también poner en la lista a David Albelda y, si lo hiciera, este artículo se mencionaría a tope en las redes sociales, muchos me alabarían el disgusto y otros, tal vez, me insultarían por no saber apreciar su extraño amor a los colores.

De igual forma podríamos hablar de entrenadores, del propio Benitez, quien tuvo, pese a sus inigualables éxitos, ataques desde parte de la prensa y una pequeña porción de la afición. Quique, por su parte, fue odiado y respaldado a partes iguales. Emery fue objeto de encarnizado debate. Incluso Pellegrino o Djukic tuvieron sus defensores a ultranza, como el que rubrica estas lineas y que disculpa sus fracasos por la mala y barata planificación de plantilla, más que por unos supuestamente escasos conocimientos tácticos.

Nosotros, los aficionados, somos el Valencia y somos así: pasionales, entregados y dispuestos a desenfundar el revólver de la controversia en cualquier momento. Pero oiga, no se confundan: a mi Valencia lo critico yo, pero pobre de usted si lo hace desde Madrid, Barcelona, Sevilla… o Lisboa. Entonces aparecerá el verdadero espíritu del murciélago que corona nuestro escudo y que alertó a Jaume I en su batalla por la reconquista de la ciudad.

Digo todo esto porque cuando un don nadie, un tal Jorge Jesús, un tipo que perdió una final de UEFA hace muy poco, un entrenador iluminado, dice sin venir a cuento que el Benfica es un club top y el Valencia no lo es, nos olvidamos de debates. Nos unimos los benitistas, los albeldistas, los aimaristas, los llorentistas, los barajistas, los fernandistas y hasta los quiquistas, si aun los hubiera, y a todo pulmón de buena gana voceamos ese famosísimo grito de unión que retumba en las gradas de nuestro precioso Mestalla:

“¡Burro, burro, burro!”

 

Carlos Medina (@drakulVCF)