‘Noventa minuti en Mestalla son molto longos’

Es difícil definir en una palabra el torrente de emociones que embargó a gran parte de los aficionados tras el pitido final. Mirar en dirección al árbitro fue casi instintivo, después del enésimo atraco en territorio hispalense. Que tradicionalmente el Bernabéu haya sido el escenario de las golfadas arbitrales más célebres no significa que los perjuicios no tengan lugar a menudo en plazas menos mediáticas. El esloveno Skomina, desde ayer, se une a la lista de la infamia junto a trencillas como Clos Gómez, Florian Meyer, Tony Chapron, Tristante Oliva y compañía. Lo mejor de cada casa.

El ‘mangazo’ padecido en el gol de Mbia fue tan claro en directo como obvio el acongoje supino que atenazó a Skomina, su juez de gol y su juez de línea. Entre los tres demostraron no hacer uno bueno. Entre ellos se miraron durante unos segundos eternos. “¡Pita algo!” “¡No, levanta tu la bandera!” “Oídme, yo no quiero líos, para algo me ponen aquí cerquita de la portería para no molestar…”. A saber lo que se les pasó por la cabeza, pero la casa quedó sin barrer. O más bien, barrieron para los de casa.

Independientemente de un arbitraje que condiciona el devenir de la eliminatoria, pase lo que pase, fue interesante comprobar la reacción de los futbolistas tras el partido. El día de la debacle en Basilea, fue Pizzi el encargado de levantar la moral de la tropa con sus declaraciones. El técnico marcó el primer gol y puso la primera piedra de la remontada. Los jugadores, desconsolados, no podían hacer otra cosa que propósito de enmienda para el choque de vuelta. Esta vez, no obstante, la plantilla no estaba compungida, sino rabiosa.

Habían sido hurtados con alevosía y el robo se había televisado para toda Europa. Y esa rabia empezó a canalizarse de cara al partido de vuelta Sólo hubo que escuchar sus declaraciones: estaban cabreadísimos, espitosos, con ganas de saltar en ese momento al césped a disputar la revancha. Los jugadores van a salir a muerte. Mucho más que ayer. Y si ayer ya dio para maniatar al Sevilla en el primer tiempo hasta que el árbitro les echó un cable, quizá el partido en Mestalla se le pueda hacer a los de Emery largo como un día sin pan.

La triquiñuela desvergonzada de Beto para engañar al árbitro y eliminar a Alcácer de la ecuación para la vuelta no fue más que un remate acorde a la clase y señorío del portero sevillista. Huelga decir que la UEFA hace lo que le sale de las narices y que las posibilidades de que le retiren la sanción al de Torrent son escasísimas, pero el Valencia tiene la obligación moral de recurrir por el bien del fútbol. La sinvergonzonería de promover lemas como el UEFA Respect queda magnífica en los ‘spots’ televisivos, pero también hay que predicar con el ejemplo. Y lo de Beto tuvo poco de ‘respect’ y mucho de teatro.

Reconocí en su día no tenerle fe al equipo cuando patinó casi sin remedio en Basilea. El 3-0 me parecía imposible de remontar para una escuadra tan poco fiable. Y, sin embargo, en apenas siete días obró el milagro. Esta vez hay sensaciones, datos y apuntes futbolísticos sólidos que dan a cualquiera esperanzas de llegar a Turín pese a los dos goles de desventaja. Y Mestalla, como estadio y como caldera, será la clave de todo.

Noventa minutos tiene el Valencia para voltear el desaguisado perpetrado por Skomina y sus propios errores de concentración atrás y definición arriba -este equipo está negado cara a gol-. Noventa minutos que, con el clima adecuado, pueden hacerse ‘molto longos’ para el Sevilla el próximo jueves. El lleno hasta la bandera es obligatorio. También el ambiente de las grandes noches. La afición responderá, como hace siempre. Turín y la copa de campeón dependen de ello.

 Foto: AFP

Paco Polit (@pacopolit)

VLC NEWS – Deportes