Proceso en ‘stand-by’: Bankia y el Valencia, a tortas por la venta del club

Aurelio Martínez y Amadeo Salvo / Foto: Paco Polit

No se ponen de acuerdo. Y pasan los días sin que se avance un ápice. Hace dos semanas, una reunión nocturna entre Aurelio Martínez, Amadeo Salvo, Juan Carlos Moragues y Enrique Montes sentaba las bases de lo que se anunciaría dos días después: el nuevo escenario en el proceso de venta que la Fundación VCF debía liderar y en el que se analizarían todas las ofertas vinculantes que llegasen a manos de la comisión gestora -formada por KPMG, PricewaterhouseCoopers, un representante del Valencia y otro de la Fundación– designada a tal efecto.

Sobre el papel, todas las partes salían beneficiadas. Bankia, porque se pasaba de tener la potestad de vender sólamente los créditos que tiene con el club y Fundación -y que ascienden a 310 millones de euros- a poder ‘vender el Valencia’, su titularidad, su propiedad al completo, ahorrando al inversor interesado una farragosa batalla legal que podría durar meses e incluso años. Y, por su parte, el Valencia y su Fundación se aseguraban tener un relativo control sobre a quién y por cuánto se vendía la entidad.

Sin embargo, la realidad ha querido que esta idílica hoja de ruta -que Aurelio Martínez anunció y a la que Bankia respondió positivamente en primera instancia– no se haya cumplido practicamente desde el primer día. Van casi media docena de reuniones de la comisión gestora, y por el momento el desacuerdo y la tensión son la tónica prodominante. Y el motivo se resume con facilidad: mientras que Bankia pretende que se respete en tiempo y forma los avances que tuvieron lugar en la Fase I del proceso de venta, Fundación y Valencia pretenden empezar de cero. Borrón y cuenta nueva. Ambos organismos pretenden cambiar el juego propiamente dicho, mientras que la entidad bancaria sólo acepta un cambio o adaptación de las reglas.

Las diferencias se acrecentan una vez conocido el borrador que club y Fundación pretendían dar luz verde con las bases que debían regir el proceso de venta de las acciones del club. El documento, desvelado por Radioesport, ahonda en las diferencias existentes entre entidad y banco. Aunque no se puede hablar de ruptura, sí de paralización. La venta del Valencia está en ‘stand by’ porque, entre otras causas, Bankia no considera lógico que el Valencia se reserve el derecho de que un inversor que venga de su mano pueda igualar la mejor oferta presentada ante la entidad bancaria. El rechazo a esta opción de tanteo con la que quiere contar el club hace que, con dos semanas por delante hasta alcanzar el 24 de enero, los plazos no vayan a cumplirse.

Dentro de las bases para el proceso de selección de ofertas para la compra de las acciones perfiladas por Valencia y Fundación -representados en la comisión gestora por Salvador Martínez y el auditor Isidro López– también se incluyen otros puntos relevantes, siempre guiados por los férreos acuerdos de confidencialidad que deben ser respetados: que el proceso finalizase antes del 24 de marzo; que la decisión final se tome por consenso de las tres partes por unanimidad; que existe un compromiso para no disgregar propiedad y patrimonio; la supervisión notarial de todos los actos de la comisión gestora; la garantía de la solvencia de cualquier interesado mediante un aval por valor de diez millones de euros; y que se garantice que el futuro dueño no desligará al club de su enraizamiento en la Comunitat Valenciana.

La confidencialidad, no obstante, ha pasado a mejor vida tras la filtración del documento. Una filtración que coincide, en tiempo y forma, con la salida a la luz de un comunicado interno enviado por el director de Riesgos de Bankia, Juan Carlos Estepa, a la consultora PricewaterhouseCoopers, contratada por el Valencia para velar por sus intereses en la operación y que constituye uno de los cuatro miembros de la comisión gestora. En dicha carta, Estepa insiste en que estas nuevas reglas ideadas por club y Fundación no son “en modo alguno razonables” y que “vicia de inicio el principio de igualdad de trato”.

El documento remitido por Estepa a PwC va más allá en su valoraciones y fija en palabras las grandes diferencias existentes entre ambas posturas:

“El referido Borrador para las Bases del Proceso y Normas de la Comisión Gestora cambia radicalmente las bases de trabajo discutidas y acordadas por las partes en numerosas conversaciones celebradas hasta la fecha”

No garantiza la transparencia y concurrencia requeridas, no garantiza la igualdad de trato entre todos los inversores, no impide que el resultado final pueda quedar al albur de una decisión caprichosa y arbitraria del Valencia o la Fundación, no garantiza la confidencialidad del proceso, diluye significativamente la capacidad de decisión de Bankia, impone una renuncia unilateral a Bankia sobre derechos contractuales de sus créditos, pone en riesgo la continuidad en el proceso iniciado de un número de inversores solventes que hasta la fecha han acudido de buena fe al proceso y, en definitiva, pone en peligro el buen fin del proceso iniciado, dificulta gravemente la solución a la situación actual y la búsqueda de un proyecto social, deportivo y económico sólido para el Valencia”

“Resulta inaceptable que se pretenda hacer ahora tabla rasa con lo anterior y exigir a los inversores que han participado en el proceso de buena fe comenzar de nuevo, ignorando el esfuerzo realizado hasta la fecha

El proceso está paralizado. Bankia no acepta que aquellos interesados en la compra del club y que sí realizaron las ofertas no vinculantes antes del 15 de enero –Peter Lim no estaba entre ellos-, tengan que empezar desde cero el proceso. Supondría, según Estepa, “otorgar unilateralmente derechos especiales a determinados inversores en perjuicio de otros”, llevando a una conclusión “arbitraria e imprevisible”. El Valencia y la Fundación, por contra, pretenden abrir el abanico lo máximo posible y arrancar una nueva recepción inicial de ofertas.

El banco desconfía y por ello siempre se ha negado a desvelar identidad de los compradores y alcance de sus propuestas, amparándose en los principios de confidencialidad que podrían tener consecuencias legales para la propia Bankia y para la consultora KPMG. Del mismo modo, el Valencia se niega a dar la documentación requerida por KPMG para poner al día la situación real del club en sus facetas económica, social y financiera. A todos los efectos, la venta del Valencia se ha topado con un muro que será muy difícil de salvar ante la postura inamovible de ambas partes.