¿Qué fue de Babà?

Que nadie se asuste porque no se ha extraviado, no se ha dejado el fútbol todavía y lo tenemos localizado. Entrena con sus compañeros todas las mañanas en Buñol y es un elemento más, dentro de una plantilla que mañana quiere sumar una revitalizante victoria ante el Betis que les deje un añito más en Primera.

Sin embargo, Diawara no vino para ser uno más, ni se le contrató para ser un actor secundario y mucho menos para hacer ‘cameos’. Desgraciadamente, ese es el personaje que encarna en sus últimas apariciones ante el Atlético Osasuna y el Celta de Vigo.

Su fichaje es fruto de esa política de consenso que eligieron Manolo Salvador y Joaquín Caparrós para traer a jugadores que garantizasen un rendimiento mínimo, aunque la realidad en el caso del africano sea bien distinta. Era otra apuesta de riesgo, como en su día lo fueron Caicedo, Koné o Martins, pero la diferencia entre todos ellos y Babá no es una cuestión de calidad, ni de condición física. Todo se reduce a una palabra necesaria para desarrollar con éxito cualquier profesión: entusiasmo.

Los trece goles de Felipao, los quince de Arouna o los siete de Obafemi en media temporada llevaban la firma del depredador que huele la sangre y activa todos sus sentidos en busca de su presa. Ninguno de estos felinos hubiese aceptado la suplencia y no me los imagino calentando banquillo durante dos meses seguidos mientras Barral se faja con los defensas contrarios. La ilusión y la ambición no se venden en farmacias.
Babá ya no está lesionado, pero ha desaparecido de la primera línea de batalla, incluso de una convocatoria para viajar al Santiago Bernabeu en la que tampoco estaba el sancionado Casadesús.

Afortunadamente, el efecto corrector apareció en un tramo decisivo de la temporada con cinco goles del gaditano y se minimizó la ausencia del senegalés, pero internamente el director deportivo y el entrenador saben que en el cierre del mercado de invierno apostaron por proteger a Diawará confiando en una fulgurante reaparición, renunciaron a la cesión de Longo, para terminar firmando tres años y medio a un atacante de otro perfil y que se antoja innecesario para jugar en la mediapunta, tras la apuesta del club -y de Nike- por Rubén, la renovación de Nabil El Zhar y el infrautilizado Andreas Ivanschitz.

El cántico ya lo conocen: “Dásela a Barral, dásela a Barral que mete gol”. Y, cuando no mete, tres jornadas de sequía, Víctor Casadesús nuevamente expulsado y Babá tranquilo, tan tranquilo que es el único ‘titular’ que no ha visto ni una sola tarjeta amarilla, militando en el equipo que más faltas comete de la Liga. Lo dicho: ni está, ni se le espera.

 

Jose Manuel Alemán (@AlemanSER)

Radio Valencia Cadena SER