Sevilla encarrila, Valencia decide

El Valencia se juega en Sevilla buena parte de sus aspiraciones de clasificarse para su octava final europea. Pese a que la UEFA ha decidido omitir por decreto la desaparecida Copa de Ferias de su palmarés siguiendo un criterio tan absurdo como dudoso, y sin incluir en el cómputo anterior las Supercopas o las Intertotos conquistadas, los valencianistas están muy cerca de entrar, diez años después, en la disputa de un título continental.

A diferencia de la épica eliminatoria anterior, estas semifinales se antojan mucho más equilibradas y no se prevén diferencias amplias en los marcadores. Cuando se miden dos equipos del mismo país, suele suceder que el margen de sorpresa se reduce de forma considerable. Ambos conjuntos se conocen demasiado bien. De hecho, a sus habituales enfrentamientos ligueros, se añaden un par de cruces recientes en la Copa del Rey que levantaron chispas.

Aunque la vuelta se celebre en la caldera de Mestalla y pese al recuerdo embriagador de la remontada frente al Basilea, resulta obligado empezar con buen pie porque el desenlace del duelo empieza a escribirse mañana en el feudo de Nervión. Valencia decidirá el finalista, pero Sevilla encarrilará la suerte de la eliminatoria. Para el equipo de Pizzi el objetivo es marcar y sacar el mejor resultado posible: empate con goles o un triunfo.

Los locales acuden a la cita con la moral por las nubes, acaban de superar un “match-ball” con el Betis que les ha proporcionado una importante dosis de moral como se demostró ante un rival de la talla del Oporto. Unai Emery le ha cogido el aire a una plantilla que atraviesa por el mejor momento de la temporada: su inercia ganadora les permite incluso aspirar a la Champions. El Sevilla está que se sale.

Lejos de ser un arma intimidatoria, el espléndido momento de forma de los andaluces debería interpretarse como un estímulo para el Valencia, que suele ofrecer sus mejores prestaciones cuando afronta retos de gran envergadura. Resulta preferible que el partido se dispute en un clima de máxima presión ambiental antes que en la frialdad silenciosa vivida el mes pasado en Suiza. El escenario del partido de ida ha dejado de ser talismán desde hace una década, justo el período que se inicia cuando en los valencianistas tocaron el cielo.

A partir de ese instante se suceden los malos resultados acompañados de los errores arbitrales. Una sucesión de calamidades aderezadas de injusticias de todo tipo. Quizás ha llegado el momento de superar esa racha tan adversa y cerrar el capítulo de recuerdos amargos. La ocasión lo merece.

 

Paco Lloret (@pacolloret_)

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