Sin respuesta

Un equipo expresa su potencial en el terreno de juego y no en las portadas de prensa. Un entrenador demuestra su trabajo con el juego que exhiben sus jugadores en los partidos y no en las tensas ruedas de prensa posteriores. Los futbolistas hablan mejor en el campo que en las entrevistas a las que acuden forzados la mayoría de las ocasiones para atender a los medios de comunicación.

Cuando un equipo no carbura se recurre a infinidad de discursos para salir del paso, escapar de las preguntas incómodas y salvarse de las situaciones comprometidas, pero, al final, termina por imponerse la evidencia. El actual Valencia, el conjunto adiestrado por Miroslav Djukic, la plantilla de jugadores que defiende este ejercicio los colores del club de Mestalla, se ha quedado sin respuesta y, lo que es peor, sin juego. Las palabras que se escuchan suenan huecas, carentes de sentido, ante la cruda realidad.

La imagen que transmite el once valencianista inquieta a sus incondicionales y desconcierta a los analistas. La pregunta surge al instante: ¿la plantilla es tan limitada que no puede pasar de un empate apurado ante un equipo como el Valladolid que acude a la cita sin sus tres mejores jugadores?, ¿el plantel se ha distanciado de su técnico y no termina de creer en sus métodos? Lo cierto es que el  Valencia se empeña en agigantar su fama de equipo vulnerable, que encaja un par de goles en sus tres últimas actuaciones locales ante rivales de un potencial más que limitado.

Con estas actuaciones tan decepcionantes se ha quebrado la nube de la ilusión formada en verano al calor y, nunca mejor dicho, del mensaje de optimismo expansivo transmitido por un entrenador que llegaba al banquillo bendecido por todos. El fútbol ha dictado su ley, ha echado por tierra las expectativas y ha generado una corriente escéptica. Este Valencia no convence a nadie, ni juega bien, ni parece que lo vaya a hacer en breve. Eso es lo peor, no se adivina una reacción inmediata.

 

Paco Lloret (@pacolloret_)

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