Todos son valencianistas

Me preocupa la atmósfera creada por culpa del proceso de venta del Valencia CF. Me inquieta que se señale con el dedo acusador a quienes han estado legitimados sobradamente para optar a la compra de las acciones y han sido vilipendiados por expresar sus discrepancias. Quienes cuentan con el aval de una trayectoria como la de Carboni, Albelda, Giner, Subirats o Fernando, merecen ser escuchados con atención. No fueron soldados de fortuna en su día.

Todos ellos, cada uno en su momento y con matices particulares, demostraron una gran identificación con la entidad. Algunos pudieron cambiar de aires y se quedaron en Mestalla. Si un sector del valencianismo inicia una cruzada contra quienes son algunos de los referentes incuestionables porque ahora no participan del discurso único, se corre un grave riesgo de fractura social. El Valencia, en un momento tan trascendental como el actual, no está para sufrir semejante desgaste.

La pluralidad de opiniones enriquece. Aquí no hay buenos ni malos valencianistas, todos son valencianistas aunque sus ideas difieran. Al final, lo importante es que el Club salga beneficiado de verdad y que la oferta ganadora relance al Valencia. Una aspiración compartida por todos y que debería elevarse por encima de intereses personales.

Este proceso ha creado tensiones constantes, ha provocado graves enfrentamientos, generado comportamientos barriobajeros y elevado la temperatura de la polémica hasta niveles excesivos. Esa ha sido la cruda realidad diaria. La reflexión ha cedido paso a la intimidación. Se ha traspasado con frecuencia algunos límites peligrosos.

El respaldo popular de Amadeo Salvo es el resultado de su tenacidad contrastada, de su capacidad indesmayable de lucha y de su habilidad a la hora de exponer la situación en cada momento. El presidente se ha ganado el cariño de la mayoría de la grada porque ha demostrado sensibilidad hacia ella y la ha entendido. No todos los máximos rectores del Valencia han calado entre la afición con tanto entusiasmo ni han sabido transmitir ese mensaje. Ni en la forma ni en el fondo.

Asumido el carisma del actual presidente como una enorme virtud, Salvo debería iniciar una nueva etapa basada en una mayor amplitud de miras, fomentar una política integradora, ganarse a los escépticos sin recurrir a desafíos, en definitiva, fomentar la unión y evitar la confrontación. Por su bien y, lo que es mucho más importante, el del Valencia. Cuando se alcanza un cargo de esta relevancia, hay que ser generosos y dar la talla.

 

Paco Lloret (@pacolloret_)

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