Valencia CF-Dinamo de Kiev (contracrónica): El fin justifica los medios

¿Alguien se acordará del juego y las sensaciones que dejó el Valencia CF una fría noche de un jueves 27 de febrero mientras celebra a lo bestia un título en Turín, o desde donde sea que presencie una gran final de la Europa League? Evidentemente la respuesta es que no, como también lo creo yo y como se desprendía tanto de protagonistas como de aficionados poco después del infumable empate a cero contra el Dinamo de Kiev.

Uno de esos partidos tontos, feos, apáticos que salen cada mucho tiempo, donde el equipo pone un poco de su parte, la falta de gente en las gradas ayuda en lo suyo y encima el rival de enfrente motiva lo mismo que un striptease de Carmen de Mairena. Sé que el ejemplo es burdo y facilón, pero para que nos vayamos entendiendo: que todos abandonaron Mestalla dispuestos a pasar página cuanto antes, e incluso más de uno en el club se congratulaba del ejercicio de pragmatismo ofrecido por los suyos.

Porque esa es otra lectura: un Valencia al ralentí, con muchas bajas de centro del campo para adelante y con una ventaja de dos goles en la eliminatoria es capaz de sobrevivir sin apenas sobresaltos -menos mal que ayudó el larguero…- a un contrario que dominó durante gran parte del encuentro. Daba igual, la gente no pitó ni se enfadó con los suyos. Esos tiempos quedaron atrás y la sensación generalizada es la de unir fuerzas para los dos meses y medio que restan de competición.

El fin, en este caso, se trata de alzar un título continental en el mes de mayo, y para eso la afición de Mestalla está dispuesta a tragarse espectáculos tan pobres como el de esta noche, mientras su entrenador y jugadores le garanticen un cambio radical pocos días después en la Liga. Empieza a calar la idea de que pese a la notable mejoría, este Valencia todavía no está para avasallar en cada comparecencia, debiendo apostar por la filosofía de encarar cada partido de la mejor manera posible pero sobre todo con un ingrediente clave: la entrega sobre el césped.

Si esto no falta, la gente perdonará cualquier cosa y apoyará hasta el último momento. No en vano, ¿acaso repetir otra eliminatoria victoriosa contra el desconocido Ludogorets jugando así provocaría cataclismo en el entorno valencianista? Técnicos, jugadores, directivos y la gran mayoría de la masa social entienden que no, y por eso el ambiente era relajado y distendido en la zona mixta de este jueves. Sólo la cara de circunstancias de Ricardo Costa al abandonar el estadio denotó que su golpe en el tobillo había sido lo peor de la velada.

Lo mejor estuvo en otra perla surgida de la Academia Gloval llamada Portu. El ‘pulmón’ y capitán del Valencia Mestalla, un ejemplo de esfuerzo y sacrificio que obtuvo la recompensa a su gran trabajo cuando Pizzi le sacó a jugar a falta de diez minutos. Fue el primer canterano que hizo debutar el argentino, motivo de orgullo para todos y especialmente para Amadeo Salvo y Rufete, ubicados en el palco de autoridades para presenciar en directo el partido.

Entre el jet-lag de su viaje a Japón y lo mal que entraba por los ojos el choque, me temo que Salvo tuvo que tomar mucha cafeína para no echar una cabezadita en el sillón presidencial. El que sí la echó fue más de uno de los ‘periodistas’ que acompañaron al gigante ucraniano hasta la capital del Turia. Hasta 58 estaban acreditados, aunque evidentemente un vistazo de cerca en la abarrotada sala de prensa revelaba muy rápidamente que había mucho ‘impostor’ con acento ucraniano, más preocupado de hacer turismo y dormitar que de atender a las obligadas tareas del post-partido. Cosas de la UEFA y su Europa League…