¿Por qué los españoles somos tan fraudulentos?

Seguro que alguna vez te has hecho esta misma pregunta. Dicen que lo llevamos en nuestro ADN latino y que está muy enraizada en nuestra cultura pues  vemos “natural” y “moral” no pagar el IVA en muchas situaciones como reparaciones domésticas, chapuzas, visitas al médico… Sin embargo esto NO pasa fuera de nuestras fronteras, al menos no con la misma abertura y asiduidad. ¿La moralidad española es diferente? ¿Por qué?

En 2013, el informe ‘Tax Gap’ en España estimaba una tasa de economía sumergida del 29,1%, la más alta del sur de Europa e impensable para un país desarrollado. Un informe publicado en 2011, por Funcas, cifró en el 23,7% la tasa de economía sumergida y 4 millones de personas trabajando en negro, mientras que la patronal española CEOE consideraba que el fraude aumentó por la subida de impuestos, hasta alcanzar el 20% de la economía.

 

¿Cuáles serían los porqués de este comportamiento?

Según un informe elaborado por técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) y la Universitat Rovira i Virgili  “casi la mitad de los españoles justifica el fraude y no pagar el IVA no es un problema, algo impensable en otros países de la Unión Europea. Estos expertos han elaborado en un documento que recoge cuáles son las causas que han alimentado este comportamiento durante tantas décadas.

Uno de los culpables de este comportamiento fraudulento la tiene el propio Ejecutivo que nunca ha elaborado o encargado un informe sobre economía sumergida, en parte porque dejaría al descubierto que “la ley contra fraude es ineficaz” y porque al no “meter mano” a este problema se está asegurando minimizar revueltas sociales ya que de ella dependen millones de personas y combatirla crearía una gran inestabilidad social. El alto índice de morosidad explica la inexistencia de disturbios que se producirían en un país con un 26% de la población activa en paro y un nivel de corrupción que salpica a todas las instituciones. Otra de las causas que impiden un mayor control sobre el fraude es la gran jerarquización y burocracia de la Agencia Tributaria y la falta de autonomía de los trabajadores de Hacienda.

Sin embargo el problema en nuestra cultura tiene una raíz larga y difícil de cortar, ya que la mitad de la población justifica y normaliza este comportamiento. El informe pone de relieve que tradicionalmente los españoles son pesimistas sobre el volumen de fraude existente en España y con la crisis, este pesimismo ha aumentado. Así, el 94,8% de los encuestados por el CIS el pasado mes de julio cree que existe “bastante o mucho fraude” y el 67% opina que el Gobierno hace “poco o muy poco” para luchar contra el fraude.

Einstein decía que “dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, es la única” y parece ser que la élite empresarial e institucional se ha olvidado de que su mal comportamiento ha avivado que los españoles no se piensen dos veces el no pagar sus impuestos. Gürtel, Palma Arena, Nóos, Pokemon, Bárcenas…la lista de casos de corrupción en nuestro país parece la historia interminable y son un reflejo de esa cultura permisiva que muchos copian sin remordimiento alguno

En esta línea, el Consejo de Europa advirtió a España que la corrupción del país “atenta gravemente contra la credibilidad de las instituciones” y que haya aprobado su primera ley estatal sobre transparencia hace poco más de un mes tampoco ayuda mucho a mejorar nuestra imagen en el exterior. Desde 2008, España ha empeorado diez puntos en la lista de países menos corruptos del mundo.

Los detonantes del fraude español:

Hemos explicado cuáles son los orígenes o causas de que nuestro comportamiento ante la economía sumergida sea altamente más permisiva que en otros países, pero sin duda los siguiente cuatro fenómenos multiplicaron exponencialmente la corrupción entre los ciudadanos. Durante la crisis, la economía sumergida ha engordado en 60.000 millones de euros, a razón de casi 15.000 millones de euros anuales y ha alcanzado una tasa del 24,6% en 2012, lo que supone 253.000 millones de euros que escapan del control de Hacienda. Apuntamos que un nivel “deseable” de economía sumergida se situaría entre el 6% y 8% del PIB, cifra a la que ni tan siquiera llegan países como Alemania o Francia.

Mercado laboral. Son varios los factores del mercado de trabajo que influyen en el tamaño de la economía sumergida, como el número de autónomos, la tasa de desempleo y los parados de larga duración. En España, estas dos últimas variables han contribuido a aumentar el nivel de economía sumergida y el fraude.

‘Boom’ inmobiliario: el ‘boom’ inmobiliario de antes de la crisis ha disparado economía sumergida y el fraude, ya que muchas operaciones se llevaron a cabo con dinero en efectivo en billetes de 500 euros. El descontrol en estas actividades está detrás de gran parte de los casos de tráfico de influencias en municipios y empresas.

Corrupción: como hemos explicado anteriormente, los niveles de corrupción presentan una alta correlación con la economía sumergida. A mayor corrupción mayor economía sumergida.

Impuestos: La subida de impuestos también está directamente relacionada con el fraude. Sobre todo se concentra en impuestos indirectos como el IVA y en otros directos como el de Sociedades. Al contrario de lo que se piensa, a mayor presión fiscal, menor economía sumergida si hubiera un control eficaz del fraude.

 

Propuestas para un sistema tributario eficaz

Quizá la población no sea consciente de los problemas que causan a la economía del país registrar tasas tan elevadas de fraude pero lo cierto es que distorsiona la renta per cápita que cada año elabora el Ejecutivo para diseñar las políticas económicas de España, genera competencia desleal entre empresarios, debilita los ingresos del Estado y los fondos de la UE que afecta directamente a las políticas ciudadanas y por lo tanto obliga a bajar pensiones, subsidios y ayudas sociales. En esta línea el informe elaborado por técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) y la Universitat Rovira i Virgili propone una lista con medidas para solventar a largo plazo esta lacra social:

-Conocer la dimensión real del fraude en España.

-Campañas de concienciación ciudadana.

-Pagar impuestos según la capacidad económica del ciudadano.

-Ampliar y optimizar los medios y recursos de la Agencia Tributaria.

-Procurar una lucha contra el fraude realista.

-Coordinación entre AEAT y Haciendas autonómicas.

-Mayor control del gasto público.

-Cambios impositivos para reducir la elusión fiscal.

-Limitación en el uso de efectivo.