Los otros recortes de Ribó y Fuset

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Se ha hablado mucho, y se habla, de recortes. Mareas, primaveras y centenares de manifestaciones han recorrido calles y plazas de las principales ciudades de España en los últimos años. Muchas de ellas, tras el cambio de gobierno, han desaparecido, aunque no en todos los casos sus objetivos se hayan visto satisfechos. No obstante, hoy queremos hablar de recortes, de otros recortes. Y sin restar importancia y recordando siempre que lo importante es gobernar y gestionar las necesidades de las personas, no podemos dejar de recordar que la obligación de todo buen político es la de preservar y cuidar la historia y el patrimonio de su pueblo.

Eso es algo que el actual alcalde de Valencia, Joan Ribó, no pone demasiado en práctica. Ya son varias las voces que le afean su abandono y falta de acción en zonas como El Cabanyal o La Punta, anteriormente puntas de lanza de su labor en la oposición y ahora, como antes, puntos negros en la gestión municipal. Ribó, ese Alcalde que se niega a que la Senyera Valenciana entre en la Catedral por una cuestión de laicidad pero que aplaude fervorosamente la Ofrenda a la Verge dels Desamparats o que  patrocina a Sant Donís como la fiesta de los enamorados valencianos, parece no tenerlo muy claro. Y es que el primer munícipe de Valencia parece moverse en función de la popularidad de los actos o de si puede, poco a poco, eliminarles su sentido original y acercarlos a sus postulados políticos, esto es, un falso valencianismo en forma de nacionalismo light tendente a confluir con los postulados pro pancatalanistas más rancios.

La Batalla de Flors del pasado domingo es un ejemplo. El primer año de su mandato, Ribó, con la inestimable ayuda de su concejal de fiestas, el siempre popular Pere Fuset, se encargaron de eliminar la bandera española de las vallas que delimitan el recorrido de las carrozas de tan singular cabalgata. En aquella ocasión, argumentando que era para dar más protagonismo a la Senyera, colocaron unas banderas valencianas de dudoso diseño, pues el azul era minúsculo mientras que las barras representativas de la Corona de Aragón y actuales insignias de Aragón y Cataluña, aumentaban el tamaño proporcional a la franja con el azul y la corona.

El pasado domingo, los vecinos y visitantes pudieron asistir a un nuevo paso en la lluvia fina de nacionalismo de Compromís (apoyado por PSPV-PSOE y Podemos), pues ya ni tan sólo las extrañas banderas del año anterior cubrían todas las vallas, siendo apenas unas pocas banderas las que adornaron el evento. Ribó, como en el Banco de Alimentos o en los bomberos, ha vuelto a sacar la tijera, en este caso para ir un poco más allá.

Digamos no a sus recortes, defendamos sin complejos y con respeto la legalidad, la historia y el sentir del pueblo valenciano, que como otros, también tiene derecho a decidir su bandera, su nombre y su futuro.