A vueltas con la corrupción

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La corrupción lo empaña todo, y entorpece el debate político. El dialogo entre partidos de diferente signo e ideología, tan frecuente en el resto de Europa, y que tanta falta nos hace, se antoja mucho más complicado en España debido a la fuerte presencia de la lacra de la corrupción, que afecta principalmente a los dos partidos tradicionales, PP y PSOE.

Un buen ejemplo lo tenemos en casa, y es que esta semana se vuelve ha hablar de Marcos Benavent, conocido y autodenominado como el ‘yonqui del dinero’, el cual ha vuelto a levantar una polvoreda en torno al entramado de la empresa de la Diputación de Valencia, Imelsa, hoy conocida como Divalterra. Lo ha hecho al declarar en relación a los conocidos como ‘trabajadores zombis”.

Como ya dijo en su día, ha insistido en que fueron personas de todos los partidos políticos los que se beneficiaron de las irregularidades cometidas en la empresa Imelsa. No obstante, ha seguido cargando la máxima responsabilidad en el Partido Popular, al que ha instado a “hacérselo mirar”.

Muchas veces los militantes de los partidos están más enfrascados en luchas internas y en mantener el complicado equilibrio entre familias políticas que en combatir y perseguir a este tipo de personas. Muchas veces se calla, y esto es de sobra conocido en el mundo de la política. Puede que haya quien sorprenda cuando le pillan con las manos en la masa, pero a otros se les ve venir, y se calla.

No hay interés superior que justifique que estos acaparadores de lo público y afanadores de lo ajeno se perpetúen en el poder por los siglos de los siglos. El debate debe surgir de dentro de los partidos. Lo hemos dicho en alguna ocasión, justicia independiente, control férreo por parte de los partidos, más medios para los jueces, y ahora añadimos una nueva variante: conciencia y amor por lo público.

Sin amor y vocación de servicio, la corrupción siempre aparecerá.