De dimisiones va la cosa

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Dimisiones y más dimisiones. El verbo dimitir ya no es un nombre ruso en la política española, quién nos lo iba a decir hace unos años. Recientemente conocimos la renuncia de la vicepresidenta la Junta de Castilla y León por conducir ebria. La dirigente popular fue cazada al volante con una tasa de alcoholemia por encima de lo permitido, y dimitió. Por cierto, no lo hicieron así otros políticos de partidos como Compromís, cuando cazaron a su diputado Juan Ponce, o Ciudadanos, que acumula varios casos ya, algunos de ellos en la Comunitat Valenciana, de políticos que conducen bebidos al volante.

Ayer fue el día de Rita, un día negro para la historia del PP valenciano. La imputación (ahora llamada ‘investigación’) de Rita Barberá por parte del Tribunal Supremo, por blanquear presuntamente dinero a través del partido, desató todas las alarmas en el PP, y ya algunos candidatos populares, como el vasco Alfonso Alonso, pidieron su cabeza. Casualmente otro candidato, Núñez Feijoó, también se mojó contra Soria en el caso del Banco Mundial. Qué buena cura de humildad conllevan unas elecciones, oigan. La caída de Rita Barberá es un mito porque ella lo ha sido todo para el PP valenciano, más allá de la ciudad de Valencia. Su lenta agonía y su jubilación en el Senado llegan a su fin.

A pesar de ello, Rita siempre tendrá una salida, ser asesora del PP. Así lo hizo Albert Rivera con su número dos, Jordi Cañas, cuando fue imputado por fraude fiscal.

Pero no queda ahí la cosa, hoy la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, reclamaba la dimisión de Rajoy para poder conformar gobierno. No obstante, al mismo tiempo, reconocía que un partido con sólo 85 escaños como es el PSOE, no puede gobernar. ¿Qué sugiere Susana? ¿Qué con un candidato distinto a Rajoy sí apoyarían al PP?

De dimisiones va la cosa como decíamos, de postureo y de dimisiones.