¿Qué nos deparará FITUR 2016?

Bravo, doña GabrielaLa llingüística, com a ciència que és, no admet dogmes ni veritats absolutes. Els dogmes, açò és, la creença cega en un fet o fenòmen sense qüestionar-lo lo més mínim, són propis de les religions o de les més fanàtiques ideologies. Que el valencià és català pareix haver-se convertit per ad alguns en això, un dogma de fe. I no. Els llingüístes, com a bons cientifics, són els autèntics encarregats d’estudiar, contrastar , investigar i cuidar nostres llengües, no obedixen a dogmes ni criteris polítics, o al menys no deurien fer-ho. La qüestió de l’orige i denominació de la llengua que es parla en la Comunitat Valenciana sempre ha sigut motiu de disputa. Ha generat, i generarà interessos i recels polítics. El nacionalisme, -que sempre vol més-, dels nostres veïns del nort, sempre ha dibuixat a les terres valencianes com una extensió de la seua anhelada nacionalitat. Per a construir qualsevol nació, i este és el cas que ens ocupa i toca de prop, fa falta una llengua, una historia, i una cultura més o menys comú. ¿Recorden allò de que ‘qui parla alemany és alemany’? Puix una cosa així passa en la Comunitat Valenciana per lo que fa a la denominació de l’idioma propi de molts valencians. A bon entenedor, sobren les paraules. Ara, la sempre apelada Europa, a través del Consell d’Europa ha tornat a reafirmar-se en lo que és obvi: que el valencià és valencià. Ya ho digueren ilustres autors de la terra que va conéixer el que fóra el primer Segle d’Or d’una llengua en lo que posteriorment s’anomenaria Espanya. Ausiàs March, Joanot Martorell, Bonifaci Ferrer o Sor Isabel de Villena així ho deixaven patent, escribien en ‘llengua valenciana’. I així, segles més tart, tot un poble, i la seua voluntat (eixa mateixa voluntat que s’alega a l’hora de reclamar referéndums impossibles de segregació), seguixen demanant lo que el Consell d’Europa ha vingut a recordar: que el valencià és un idioma, per historia, per tradició i per voluntat del poble que l’usa, el seu autèntic propietari. CASTELLANO: Europa se reafirma: el valenciano sí es una lengua La lingüística, como ciencia que es, no admite dogmas ni verdades absolutas. Los dogmas, esto es, la creencia ciega en un hecho o fenómeno sin cuestionarlo lo más mínimo, son propios de las religiones o de las más fanáticas ideologías. Que el valenciano es catalán parece haberse convertido para algunos en ello, un dogma de fe. Y no. Los lingüistas, como buenos científicos, son los auténticos encargados de estudiar, cotejar, investigar y cuidar nuestras lenguas, no obedecen a dogmas ni criterios políticos, o al menos no deberían hacerlo. La cuestión del origen y denominación de la lengua que se habla en la Comunitat Valenciana siempre ha sido motivo de disputa. Ha generado, y generará intereses y recelos políticos. El nacionalismo, -que siempre quiere más-, de nuestros vecinos del norte, siempre ha dibujado a las tierras valencianas como una extensión de su anhelada nacionalidad. Para construir cualquier nación, y este es el caso que os ocupa y toca de cerca, hace falta una lengua, una historia, y una cultura más o menos común. ¿Recuerdan aquello de que 'quién habla alemán es alemán'? Pues algo así sucede en la Comunitat Valenciana con respecto a la denominación del idioma propio de muchos valencianos. A buen entendedor, sobran las palabras. Ahora, la siempre apelada Europa, a través del Consejo de Europa ha vuelto a reafirmarse en lo que es obvio: que el valenciano es valenciano. Ya lo dijeron ilustres autores de la tierra que conoció el que fuera el primer Siglo de Oro de una lengua en lo que posteriormente se llamaría España. Ausiàs March, Joanot Martorell, Bonifaci Ferrer o Sor Isabel de Villena así lo dejaban patente, escribían en 'lengua valenciana'. Y así, siglos más tarde, todo un pueblo, y su voluntad (esa misma voluntad que se alega a la hora de reclamar referendums imposibles de segregación), siguen pidiendo lo que el Consejo de Europa ha venido a recordar: que el valenciano es un idioma, por historia, por tradición y por voluntad del pueblo que lo usa, su auténtico propietario.

En escasas horas, conoceremos qué nos tiene preparado el nuevo Gobierno de la Generalitat Valenciana para FITUR, de la mano del muy respetable secretario autonómico, Francesc Colomer. Sin duda, con la nueva imagen de la Diputación de Valencia, así como las apuestas conocidas por parte de la de Alicante, parece que los responsables de la materia turística, desde distintas instituciones, van a apostar fuerte por diversificar el turismo que elige la Comunitat Valenciana como destino vacacional.

El turismo de sol y playa debe seguir existiendo, eso nadie lo puede negar. Sin embargo, se hace necesaria una desestacionalización del turismo, a través de la venta de todo aquello que nuestra tierra puede ofrecer, que es mucho. La Comunitat Valenciana es mucho más que la sombrilla, el apartamento en primera línea y los chiringuitos playeros, tan respetables como el mejor restaurante de nouvelle cuisine, por supuesto.

Pero en FITUR debemos demostrar que también nuestra tierra es gastronomía de primera, a la altura de País Vasco o Cataluña, destacadas históricamente. Una reciente noticia otorga peso a este argumento, nadie nos lo puede negar ya: el municipio alicantino de Dénia ha sido declarado Ciudad Gastronómica por la UNESCO, hace escasas jornadas. Entre otras cosas, por albergar el talento de uno de los mejores cocineros del mundo, el maestro Quique Dacosta.

Pero también nuestro territorio es cultura, mestizaje e historia viva de las civilizaciones occidentales, y en FITUR debe quedar de manifiesto. Entre nuestros tesoros, encontramos una mezcla de épocas, formas de vida, sensaciones, religiones, civilizaciones. Desde las majestuosas huellas romanas que fijaron su imprenta al pasar, hasta neveras de época islámica en los rincones más recónditos del interior de nuestra autonomía, pasando por la íbera Dama de Elche puede dar fe de lo qué fue la tierra de la ruta de la pansa y del género literario que, iniciado aquí en con Joanot Martorell durante el Siglo de Oro valenciano, inspiraría una de las novelas más imporantes de la historia de la literatura universal: El Quijote en 1605. Tirant lo Blach ya inauguró la humanización del héroe caballeresco, hasta entonces inmaculado en el mundo de las letras.

Por no hablarles en este FITUR 2016 de nuestros paisajes, del mar a la montaña, del secano al regadío, de nuestra biodiversidad marina y terrestre. Aquello que hemos descuidado durante tanto tiempo y, sin embargo, ahora es necesario recuperar para tener un turismo que se mantenga todo el año, aprovechando nuestra riqueza. Después de “el pelotazo”, debemos explorar nuevos mercados y, por ejemplo, atender la demanda creciente de turismo activo y, en general, deportivo de Europa. ¿Cuántos deportistas necesitan un clima como el nuestro para entrenar en los meses más fríos?

Eso sí, no debemos volver a cometer los mismos errores. Debemos medir siempre el impacto de cada acción, cada medida, para hallar un equilibrio que de a lugar un turismo sostenible.

¿Qué nos tendrá preparado Colomer para FITUR?