Las fallas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

escraches y democraciaMariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal - Colaborador de Valencia News

Las Fallas, la entrañable fiesta valenciana por antonomasia (sin que esta afirmación suponga hacer de menos a las fiestas hermanas de la Magdalena, las Hogueras o los Moros y Cristianos), ha sido propuestas para su declaración por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad, o –lo que es lo mismo- para su inclusión en la Lista de bienes del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad.

Esto supone un importante reconocimiento cultural internacional a las Fallas y un aumento de su proyección más allá de las fronteras españolas y de América Latina (donde son bien conocidas y admiradas).

La Fallas ya tuvieron su reconocimiento oficial como Bien de Interés Cultural Inmaterial en un Decreto del Gobierno Valenciano de 9 de marzo de 2012 (Decreto del Consell 44/2012), el cual en su Anexo las define diciendo que “ Las Fallas valencianas, expresión viva y popular de un pueblo, son fiestas de origen vecinal, surgidas y perfeccionadas a través del tiempo por el pueblo valenciano, como manifestación artística, cultural, satírica y como expresión festiva singular. Dimanan de la voluntad de un grupo de personas, teniendo como nexo común la celebración tradicional de los festejos que le son propios, desarrollados durante el denominado ejercicio fallero. Las Fallas, año tras año, se levantan en las calles valencianas, como ejemplos de riqueza patrimonial, de técnicas artesanales, de formas de organización, con un cúmulo de festejos, actos y aspectos asociados a la indumentaria, gastronomía y pirotecnia”.

No obstante, es importante que este mismo reconocimiento y declaración lo reciban de un organismo como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), lo que supone en el ámbito internacional de los países integrados en la ONU, una acreditación como tal patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad con efectos mundiales.

La declaración –cuyo efecto inmediato en su inclusión en la Lista de tales bienes que mantiene y publica la UNESCO- conlleva la posibilidad de utilización del distintivo internacional que acredita como tal –con la publicidad internacional que trae consigo- y las medidas de protección, investigación y fomento establecidas en un documento de las Naciones Unidas muy importante en el ámbito cultural que data de 2003: la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.

Ya conocemos y tenemos declarados en la Comunidad varios bienes como Patrimonio de la Humanidad, como son en el ámbito cultural monumental la Lonja de la Seda de Valencia, el Palmeral de Elche y la pintura rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica (que compartimos con Aragón, Murcia, Andalucía, Cataluña y Castilla La Mancha, por donde se encuentran diseminados los yacimientos de arte rupestre) y dos en el ámbito del patrimonio inmaterial: el Misterio de Elche y las fiestas de la “Mare de Deu de la Salut” de Algemesí. Las Fallas se unirían a estos otros bienes así declarados como bienes –en este caso inmateriales- del Patrimonio de la Humanidad.

Probablemente el lector se plantee qué significa el “patrimonio inmaterial”, pues está claro que es algo distinto de los monumentos o paisajes que tienen ínsito su valor patrimonial en un medio físico. Las manifestaciones culturales, populares o artísticas que se consideran o declaran patrimonio inmaterial de la Humanidad son “un conjunto de creaciones basadas en la tradición de una comunidad cultural expresada por un grupo o por individuos y que reconocidamente responden a las expectativas de una comunidad en la medida en que reflejan su identidad cultural y social” y que responden a una identidad propia de lengua, literatura, música y danza, juegos y deportes, tradiciones culinarias, rituales, mitologías, artesanía y los espacios culturales donde se encuentran.

Obviamente, las Fallas responden plenamente a este concepto y por sus dimensiones seculares, de adhesión popular y multiplicidad cultural (con componentes no solo festivos genuinos, sino también musicales, plásticos, literarios y folklóricos), merecen esta declaración.

La propuesta a la UNESCO surgió el pasado año y será resuelta este otoño, esperemos que con el éxito que se merece.

Por Mariano Ayuso Ruiz-Toledo, Abogado, Director de Ayuso Legal