Un optimista es un pesimista bien informado

La primera vez que leí esta frase y la contraria (Un pesimista es sólo un optimista bien informado) fue en un poema de Mario Benedetti en el libro de poemas el Rincón de Haiku. Luego se ha convertido en un recurso muy manido en este tiempo de tribulaciones. ¿Pero acaso los optimistas Rajoy o Fabra son unos pesimistas mal informados?

¿Acaso Montoro, Guindos, Buch o Moragues son unos pesimistas sin datos cuando dicen que ya se ve la luz al fondo del túnel? ¿O son unos pesimistas bien informados que quieren engañarse a si mismo a base de un optimismo exagerado?
Porque ese optimismo contrasta con las recientes encuestas publicadas que destacan la escasa confianza del pueblo español por la recuperación económica. El que está mal y el que está bien dice en las encuestas que esto no va mejor. Y que tampoco espera mucho del 2014.

¿Qué pasa entonces? ¿Nos engaña el Gobierno? ¿Es el mantra de Fabra un argumento para recuperar valor e imagen en la Comunidad Valenciana? Obviamente si la gente está pesimista es que tiene esa percepción. Y sin embargo los datos acompañan a los optimistas. No es para mover el campanario, pero algo bueno empieza a pasar, aunque no les guste al PSOE y demás de la oposición.

Los datos macroeconómicos van bien, pero si en cualquier polígono hablas con las empresas supervivientes te dicen que llevan unos meses que ya respiran. Han hecho sus deberes y ahora juegan bien en los mercados y mejor en la exportación. No han hecho las grandes transformaciones que demanda la nueva situación, pero lo harán a buen seguro cuando sepan las ventajas que ellos les traerá.

Hasta las videntes dicen que todo va a ir a mejor, como pueden ver en las declaraciones de Myriam de las Heras en VLC News. El mal año de la Serpiente acaba el 30 de enero. Y empieza el año del Caballo de Madera que nos traerá cambios y producción. ¿Entonces por qué la gente sigue siendo tan optimista?

Primero porque desconfía mucho de los políticos. Segundo porque se vende mejor lo agorero que las alegrías, que quedan reducidas a cuando te tomas el gintonic. Tercero porque dos terceras partes de la opinión publicada de este país disfruta de que las cosas vayan mal, sin valorar que son las primeras víctimas. Y cuarto porque la España segmentada camina inevitablemente hacia un gran grupo social de ciudadanos que para siempre estarán mal. Y eso genera una gran percepción negativa.

Y en resumen y muy importante porque en el caso valenciano Alberto Fabra y demás no saben vender alegrías. Hacen lo mismo que hacían los ministros de UCD. Vienen a hablar de inversiones imposibles, de dinero o de grandes proyectos que el personal no se los cree. ¿Por qué no me hablan de emociones? ¿De sentimientos? ¿Por qué no me ilusionan? Ya ya se sabe que la ilusión mueve montañas.

Jesús Montesinos