Al servicio de los ciudadanos

En este tiempo de eufemismos y remilgos del lenguaje, a los guardias municipales de toda la vida se les dejó de llamar por su nombre y empezaron a responder al concepto de Policía Local en un intento, no sé si exitoso, de poner a sus agentes al nivel de la Policía Nacional.

Toda policía está obligada a ser de proximidad. Todo policía se debe al ciudadano. Y sea cual sea su cometido está trabajando para proteger nuestra libertad, individual y colectiva, y para impedir, llegado el caso, que nadie pretenda perturbarla o violentarla. Quiere eso decir que tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional son cuerpos de servicio al ciudadano y también deben hacer bandera de la proximidad. Pero, claro está, la Policía Local es la más directamente llamada a atender los asuntos de los barrios, de las calles y las plazas; de los ruidos, las salidas de las escuelas, la suciedad, los solares y… desde luego -que no me olvide- también los asuntos de la circulación de vehículos.

Se equivocan los agentes que solo parecen tener vocación profesional por la circulación de los coches y las consiguientes multas. Se equivocan sus mandos si es solo eso lo que mandan. La obligatoria vocación de proximidad de los policías locales debería hacer que la circulación fuera un asunto más de los cien que deben ser preocupación de todos: una farola que enseña los cables eléctricos, un ciclista que asusta ancianos por las aceras, los frikies que dan de comer a gatos y palomas y los gamberros que destrozan un jardín, deberían ser objeto preferente de algunos guardias que para esos menesteres parece que no han sido dotados por el cielo.

Con todo, la alcaldesa de Valencia, ayer, subrayó una realidad: la constante vocación de servicio de la Policía Local a los ciudadanos a lo largo de una historia que atesora ya muchos valores. Una década tras otra, la Guardia Municipal de Valencia ha reunido historia suficiente como para merecer el homenaje de un Museo propio, inaugurado ayer por Rita Barberá en el acuartelamiento de la avenida del Cid.

La alcaldesa, que hace 40 años justos ya hizo historia municipal a través de la anécdota de prestar su coche de periodista novata, cuando la grúa municipal entró en servicio y hacía falta una demostración fotográfica de su funcionamiento, sabe mejor que nadie lo que es el servicio al ciudadano. Por entonces, muchos informadores de la vida municipal, entre ellos el que esto firma, aprendieron mucho sobre la complejidad del trabajo de la Policía Local, sobre el tacto y la paciencia que se requiere para servir en la calle al ciudadano. Y eso ocurrió, sobre todo, gracias a un maestro como don Manuel Jordán, jefe del Cuerpo en los años setenta.

Nadie como él entendió lo que es el servicio a los vecinos. Nadie como él se mostró abierto, a través de viajes, seminarios y congresos, a que la Policía Local se modernizara y aprendiera nuevas técnicas. Nadie como él, que era un buen profesor de Derecho, comprendió que España, en los años setenta, estaba cambiando al compás de un mundo nuevo y que muy pronto tendría que llegar a la sociedad, con la democracia, un nuevo concepto en las relaciones entre policías y ciudadanos.

El cambio habría de hacer más transparente y claro el servicio de siempre. En la línea de generar una confianza mutua, un mutuo respeto, en torno a la defensa de leyes y normas justas que se aplican a todos por igual. Confiemos en que esa sea la línea esencial del nuevo Museo que acaba de abrir sus puertas.

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