Ancestros

Viendo de forma casual la televisión pública inglesa, se reaviva un tema que siempre ha preocupado al ser humano, y que en su reflejo más extremo ha conducido a la humanidad a sus mayores desmanes: ¿De dónde venimos?

En la televisión inglesa florecen los anuncios que ofrecen la posibilidad de una búsqueda de las raíces familiares, a la luz del Brexit, nos aproxima a una línea tan fácil de cruzar sobre la pureza de la sangre, y de lo poco que nos gusta convivir con personas que consideramos ajenas a nuestro Mundo genético.

Sobre la búsqueda de la raíz siempre planea una pregunta: ¿Por qué es importante el pasado? Más profundamente: ¿Por qué hay momentos en los cuales la humanidad siente la imperiosa necesidad de recordar de dónde viene?, o sea, ¿porque mira hacia atrás?

De hecho este momento histórico para Europa ha llegado sin paliativo, a la luz de los actos de todos los partidos a derecha e izquierda que están resucitando las disculpas de siempre para separar al pueblo, por lo tanto es lícito preguntarse, ¿si hay tanta gente entregada a la búsqueda de los Ancestros?, ¿quién está llevando el barco? En concreto: ¿Quién mira al futuro?, pero un futuro donde la lucha de clases esté superada, como la India está superando ahora lo de las castas, no el de siempre donde impera la triste realidad de: “divide y vencerás”.

A esta pregunta hay que añadir otro escenario interesante: ¿Estamos dispuestos a aceptar a todos los ancestros que vayamos a encontrar?, o solo los que justifiquen una acción de futuro que implique un triste reduccionismo, étnico-racial, tribal, grupal o la menor de sus representaciones, una visión de partido.

Ya que resulta curioso que en Egipto, el PIB se nutra de una historia rechazada por la mayoría musulmana de la población, de hecho gracias a la dictadura supuestamente liberadora de Erdogan, este personaje está resucitando el pasado turco de la nación, en un intento vano, de encontrar un lugar inmediato en el presente.

Este extraño caso se repite por toda la geografía europea, y empeora con los años a medida que vamos descubriendo nuevos elementos que destruyen por completo las ideas que teníamos de nuestros orígenes.

En América desparece la lógica de la llegada por el Estrecho de Bering. Aún recuerdo las diatribas durante la carrera sobre lo imposible que parecía la llegada por un lugar tan inhóspito y carente de toda vegetación. Esta es aún, la parte científica de la discusión en torno a los orígenes, pero podemos bajar mucho más profundamente.

La pureza de la sangre, adquiere de hecho, en estos momentos de amor al pasado, un valor subjetivo que raya lo indecente en términos de lógica.

Cambios de nombres de forma absurda de pueblos y ciudades, en Flandes, en Valencia ahora, que este escritor ya no sabe cómo escribir, sin herir la sensibilidad de algún grupo humano que cree que su visión del pasado es más justa que la de los demás, de hecho tentado estoy de escribirlo en francés lugar de origen de más de un prócer de la patria (siempre con pequeña p, para el que escribe), Valence.

Pero ¿somos selectivos los humanos a la hora de invitar a otro ser humano a nuestras raíces, o árbol genealógico?

Viendo lo poco propenso en el tiempo real a tener amigos musulmanes, judíos, pobres y necesitados de toda clase, incluso familiares en el paro, creo que podríamos afirmar que sí.

Tener un general nazi de referente, un extremista suicidado, padres frutos del tiempo de la Alianza Cóndor, un turco con decisión de muerte sobre algún miembro del Imperio, no parece las compañías buscadas por los individuos que pretenden justificar la importancia de la Familia, del Clan, de la Tribu.

Los del Norte, aceptar antecedentes semitas, los del sur, aceptar que son aún más semitas de lo que pensaban, y tener que abandonar luchas genealógicas menores, del tipo soy occitano, o aragonés, o francés, por otras de mayor calado, ¿seré árabe, semita por fenicios, yemenitas o judíos? ¿Y de Valence/Valencia, pasaríamos a Balansiya?

Como historiador me sigue sorprendiendo este deseo de pertenecer a “algo más” que tienen los seres humanos, olvidándose que este simple acto es separador, es querer extraerse de la masa informe de la Humanidad para ser “alguien” en la vida.

Acabo de recorrer Europa en sus lugares más calientes, y en muchos de ellos se respira miedo y temor, en Francia la temporada de vacaciones ha sido un fracaso, en Bélgica, hasta las rebajas han sido un desastre ya que la gente huía de espacios aglomerados, ante el miedo de que uno de sus semejantes se creyese lo suficientemente diferente como para tener el supuesto derecho, hasta divino, de matarlos. El pasado y las raíces campan a sus anchas.

Pero si escarbamos en el alma de los que estimulan esta búsqueda de pertenencia, los iconos de la Historia que justifican partidos, movimientos, hechos y actos de otras personas que los van a realizar en nombre de la fe que han depositado en ellos de forma totalmente subjetiva, cabe hacerse la pregunta: ¿valieron la pena estas personas, o peor que ancestros tenían?: Nasser el tan admirado, Che Guevara, todos las figuras fascistas, el propio Stalin a la luz de sus Antepasados,¿ habrían pasado el cuchillo insensible de la sangre?.

Vivimos tiempos revueltos, y no siempre son así, que se desengañen los que juegan a la carta de todos los viejos afirman que tiempos pasados fueron mejores, si lo fueron, y en muchas ocasiones, tiempos de reconstrucción y de acercamiento, tiempos de presente y futuro, donde el pasado no cabía.

Pero los seres humanos siempre nos olvidamos de dos cosas fundamentales: la primera, el pasado solo sirve para mejorarlo y para no repetir los mismos errores, y la segunda: agua pasada no mueve molinos, y el que lo intente está engañando al presente y peor, al futuro.

Artículo de colaboración de William Vansteenberghe