¡Cuánto facha!

Enrique Arias Vega, colaborador en Valencia News. Más fácil protestar que hacerEnrique Arias Vega, colaborador en Valencia News. Más fácil protestar que hacer

De hacer caso a algunas voces de la izquierda, casi todo el mundo es facha. Ese mantra ya se venía salmodiando antes de la aparición de Vox en la escena política partidista: cualquiera que llevase, no ya una bandera, sino una modesta gorra con los colores de España era un fascista.

No se aplicaba el apelativo, por supuesto, a alguien que llevase una camiseta de Italia, una gorra de los Boston Celtics o una bandera del movimiento gay; menos aún si portaba una estelada, enseña, a lo que se ve, nada excluyente ni simbólica de creencias impuestas a toda una colectividad por la brava.

A esta floración semántica de lo facha, lo ultra, lo franquista, lo de extrema derecha, etcétera, se han sumado nuevas expresiones, como la dragoniana de “la derecha de tres cabezas”, de la ministra Nadia Calviño, superada por la casposa “derecha trifálica”, de su autocomplaciente compañera de Gabinete Dolores Delgado.

De hacer caso a éstas y otras manifestaciones, aquí hay más fachas que bellotas, cuando afortunadamente eso no es así. Podemos suponer que el momento de más ultraderechistas se produjo con el cadáver de Franco aún caliente, en las primeras elecciones generales del ya remoto 1979, cuando el extremista Blas Piñar obtuvo 378.964 votos y un solo escaño en Las Cortes.

Poca cosa para tanto vocerío. Me temo, pues, que el conservadurismo hoy emergente se debe a otra cosa, sin las características que tiene la extrema derecha continental: rechazo a Europa, que aquí sí se da en Podemos, o supremacismo étnico, insolidaridad y segregación, que aquí sí predican los nacionalismos periféricos. Ellos son los que maldicen a la actual Constitución, a la que en cambio acatan y respetan todos aquellos a los que alegre y livianamente se les llama fachas sin que lo sean.