Destino Clooney, con permiso de los festivales

josé luis pichardo

La casualidad o no, ha querido que confluyan en el tiempo, que no en el espacio, la presencia un año más de la Comunidad Valenciana en Fitur, y el rodaje de la superproducción de Disney en Valencia, Tomorrowland. Ambos factores guardan una estrecha relación, porque la Feria de Turismo de Madrid es todavía uno de los mayores escaparates anuales del sector a nivel europeo, mientras que el otro acontecimiento cinematográfico, porque lo es, supone multiplicar ese efecto por mil en la promoción de cualquier país, región o ciudad.

Que el Conseller Buch haya anunciado una firme apuesta de la Generalitat por los festivales musicales, como el FIB o el Arenal Sound que ya funcionan con gran éxito en Castellón, es una apuesta racional, pero también segura, ya que tienen garantizado un sustancial retorno económico.

Pero ni por esas, la organización de esos eventos, que ojalá continúen con su escalada, y más ahora apoyados desde las instituciones, puede ser comparable al impacto mediático a escala mundial que le proporcionará a Valencia durante mucho tiempo el rodaje de Disney. Incluso, puede haber un antes y un después en la promoción mundial de la ciudad.

Pero volviendo al necesario reciclaje e innovación del turismo valenciano, también es destacable la intención del Consell para impulsar la marca turística de la Comunidad, aunque se haya auto generado un problema con el nuevo lema de Valencia Región, que por razones obvias de nomenclatura no ha hecho mucha gracia que digamos ni en Castellón ni en Alicante. Y también es muy loable que se potencie el uso del Centro de Desarrollo Turístico de Valencia para desarrollar una formación sólida entre los profesionales y estudiantes de Turismo con el objetivo de posicionarlos en un sector cada vez más competitivo a escala global.

Y por si fuera poco, el conseller de Economía Máximo Buch ha presumido en Fitur de las cifras que ha registrado la Comunidad Valenciana en el año 2013, con la llegada de casi 6 millones de turistas extranjeros.
Un motivo de orgullo, sin duda, que además se complementa con las perspectivas halagüeñas para este 2014, donde el Presidente Fabra anunciaba recientemente la llegada de 23 millones de visitantes, lo que supone un incremento del 2,1% y el 5º lugar del ránking nacional. Sin embargo, como es costumbre en estas tierras, antes de recoger los frutos hay que repartir estopa cuando se han puesto los cimientos para crear estructuras como la Ciudad de las Ciencias, Terra Mítica y la Ciudad de la Luz, en Alicante o la promoción de grandes eventos como la Fórmula 1 o la Copa América.

De hecho, la arquitectura vanguardista de Calatrava ha contribuido a que Disney esté rodando en Valencia una gran superproducción, o que en el mismo recinto se rueden habitualmente spots de diferentes marcas de automóviles o incluso producciones cinematográficas de la India. Y ahora, qué pasa ahora? Pues que eso de tener a George Clooney o a Hugh Laurie dándose una vuelta en la nave espacial de Tomorrowland por Valencia es algo que enorgullece a cualquiera y que incluso, miren ustedes por donde, ha llegado a eclipsar la polémica del trencadís que envuelve ese majestuoso edificio, si majestuoso, que es el Palau de les Arts.

Sin embargo, como siempre sucede en estos casos, los críticos que han despedazado ferozmente a la Ciudad de las Ciencias, que por cierto, fue un proyecto concebido por el PSOE de Joan Lerma, y continuado por Eduardo Zaplana, ahora sacan pecho de ver el complejo convertido en un gigantesco plató para una superproducción de Hollywood.

Es verdad que los diferentes gobiernos del PP han tenido fracasos en sus políticas de desarrollo para crear grandes estructuras o impulsar grandes eventos, pero también han sabido encontrar el camino acertado para el posicionamiento de la Comunidad Valenciana con algunos de ellos. Y desde luego, la Ciudad de las Ciencias no ha sido uno de esos errores. Más bien lo contrario. Porque si el recinto no registra cifras positivas es simplemente debido a que en su balance se incluyen los costes de la construcción, lo que equivale a que la empresa pública Cacsa no pueda registrar cifras positivas por esa circunstancia en muchos años, como es normal.

Aunque una cosa es eso, y otra muy diferente es pretender convertirlo en un complejo ruinoso antes de tiempo. Para empezar, es una de las obras cumbre de Santiago Calatrava, y encima la tenemos en Valencia, con todo lo que se diga, y a pesar de la crítica merecida sobre el crónico descuadre en el coste de sus obras a escala mundial, ya que ha conseguido posicionar a Valencia más allá de la Copa América o la Fórmula 1.

El complejo, que se encuentra en proceso de privatización, puede ser con diferencia uno de los más rentables no solo de España si no de Europa, porque no existen muchos de sus características en cuanto a servicios y funcionalidad, ya que es único en cuanto a diseño arquitectónico.

A la buena marcha del l´Hemisféric y el imponente museo Príncipe Felipe, hay que sumarle el impacto económico generado por el Oceanográfic, que es sin duda, uno de sus mayores éxitos económicos.
Su índice de rentabilidad, con la acogida de miles de visitantes cada año, así como la celebración de jornadas y congresos, lo ha convertido en uno de los edificios con mayor presente y futuro de la Ciudad de las Ciencias.
Por tanto, la llegada de una gestión privada puede suponer la punta de lanza para cuadrar con creces, las cuentas del complejo de ocio.

José Luis Pichardo