El concejal Fuset y la valencianía malentendida del PP

Parece que un sector de la prensa valenciana y el PP (Ciudadanos también se sube a este naftalinoso carro) están esperando a ver qué hace el concejal de Fiestas del Ayuntamiento de Valencia, Pere Fuset, para descargar contra él toda la ira vehemente de un nacionalismo español soterrado y malentendido. Esta vez ha sido a costa de la presentación de los actos institucionales del 9 d’octubre y su debate en el pleno del Ayuntamiento. Andan preocupados por la reversión de la innecesaria impronta española en una acto de un unión entre valencianos y de exaltación de los valores de nuestro Pueblo, de nuestra Nacionalidad histórica como consagra nuestro Estatut. Al PP le molesta sobre manera el cambio de aires que muchos ciudadanos pedíamos en el desarrollo de la procesión cívica y de los actos paralelos, haciendo que se alejara de un modelo de Nacionalcatolicismo trasnochado al que solo le faltaba las peinetas de Maricospe y Soraya. Estaría bien que no intentaran confundir a la opinión pública y que recordaran, por ejemplo, que la entrada en la Catedral de la Real Senyera es una imposición de Rita Barberá, frente a lo existente desde la restitución de la democracia. Les molesta también que el Ejército no asista a la bajada de la Real Senyera, bandera de tots, y que se cambie las notas del himno español por los acordes la Marcha de la ciudad, composición muy nuestra, datada en el s. XVI y que coincide en su inicio con el Himno del Maestro Serrano, nuestro himno oficial. No pueden pedir respeto por las tradiciones que ellos no respetaron. Su temor hacia aquello que debe formar parte de la declaración de Bien de Interés Cultual (BIC) de la procesión cívica, deben recordar que la procesión es cívica y no religiosa; por cierto, que haría bien el Ayuntamiento de buscar que el expediente tenga el mayor consenso posible.

Todavía no han entendido que España tiene muchas identidades y el reforzamiento de cada una de ellas y no solo de una (la castellana) fortalece el proyecto común de España, Hispania, Iberia, un nombre de origen geográfico que la dinastía borbónica centralista hizo suyo, fagocitando todas las naciones que poblamos esta vieja Península. Intentan disfrazar su ira de valencianismo y han tenido 24 y 20 años respectivamente en Ayuntamiento y Generalitat para trabajar por lo valenciano, por nuestras señas de identidad. ¿Y no es el valenciano -lengua propia de la ciudad y de todo nuestro Pueblo- una de las características más reconocibles de los valencianos y que más nos vertebra? ¿Y que han hecho los populares por ella en todo este tiempo? ¿Dejar en un cajón el reglamento de uso del valenciano del Cap i casal por un montón de años a pesar de haber sido aprobado en un pleno? ¿Recortar las horas de esta lengua en nuestra extinta RTVV? ¿Reforzar un modelo equivocado en las aulas y menguar sus horas en los itinerarios curriculares de nuestros estudiantes? No, no tienen credibilidad en absoluto. Tal vez tengan ira porque la ciudadanía ha dado la espalda a su defensa de las señas de identidad de opereta, al despilfarro, a los abundantes casos entre sus filas de presunta corrupción y, en definitiva, al “ordeno y mando” en el que se sentían muy cómodos.