El futuro de la Comunitat, Lim y el Valencia CF

josé luis pichardo

Se acaba la temporada hábil, la que en términos laborales conocemos, peleamos y sufrimos…y más en estos tiempos.. entre septiembre y julio, aunque este concepto dista mucho del de antaño cuando la sociedad pensaba en las vacaciones ya durante junio, mucho antes de la llegada de los meses más calurosos del año.

Una definición que a priori, no parece que tenga mucho sentido, pero que adquiere una especial relevancia si miramos el presente y sobre todo presagiamos el futuro, sobre la incertidumbre que envuelve a la Comunitat en uno de los momentos económicos más delicados de su historia reciente.

Porque al margen de la negociación y los acuerdos alcanzados en el último Consejo de Política Fiscal y Financiera antes de las vacaciones, donde el Consell ha defendido la intrafinanciación que sufren los valencianos, mientras que el Estado ha hecho lo propio, conteniendo el gasto público de las CC.AA, para a su vez sujetar el déficit que le exige Bruselas, el nuevo curso de septiembre llegará con muchas asignaturas pendientes.

Entre ellas queda por saber cómo va a explicarle Fabra a los valencianos que la Comunitat seguirá ajustada de presupuesto en numerosas áreas clave como sanidad, educación, bienestar social….en los próximos meses, salvo que se produzca una revisión de la financiación.

Y todo ello en el inicio de un curso que el PP y el resto de las fuerzas políticas afronta con el ojo puesto en la celebración de las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015.

Porque la revisión de la financiación autonómica es clave para el futuro de los valencianos por muchos motivos y con independencia del partido que gobierne, un factor que, por cierto, deja descolocado al PSPV por su tibieza a la hora de reclamar una partida justa para las necesidades de los valencianos en lo que debería ser un apoyo al PP.

Pero como decimos, la corrección de la financiación per cápita, en consonancia por lo menos con los de la mayoría de las autonomías, dotaría a la Comunitat de un equilibrio que le permitiría a Fabra poder afrontar los próximos meses con un mínimo de respiro ante el recrudecimiento de la asfixia financiera

Una situación convulsa, sin duda, de la que en principio, Fabra también está sacando rédito electoral, y sobre todo, mostrando casi por primera vez, ciertas dotes de liderazgo en un momento vital para el futuro de los valencianos.

Eso no quita que el Presidente siga aprendiendo, como también el resto del Consell. Porque a pesar de que se pretenda pasar página de etapas anteriores, aunque no queda otra, es necesaria una mayor política de acercamiento a las personas, de apoyar a las pymes, de eliminar empresas públicas inservibles y sobre todo de convertir el recién creado Portal de Transparencia en una herramienta factible y de sentido social y ciudadano.

Todos los habitantes de la Comunitat tienen el derecho a saber cómo evolucionan sus finanzas públicas y en que se destina el dinero de sus impuestos. Porque ante la crispación social por los múltiples casos de corrupción en varios partidos, no solo en el PP, las fuerzas políticas deben hacer autocrítica y un ejercicio real de transparencia para dar cuentas a los ciudadanos, que en definitiva son los que les votan cada cuatro años.

Para acabar la temporada de columnas no queríamos dejar de pasar por alto el espinoso asunto de la venta del Valencia C.F. Porque a pesar de no adentrarnos mucho en el terreno deportivo cada semana desde estas líneas, lo cierto es que la situación de la compra de la entidad de Mestalla por parte de Peter Lim, empieza a oscurecerse en el horizonte.

Cierto es que la operación no es fácil y altamente costosa en dinero, pero también para las directrices que deberán regular el futuro económico del Valencia C.F para los próximos años.

En ese punto cualquier aficionado al club blanquinegro estará prácticamente de acuerdo. Sin embargo, una cosa es lo que se ve y otra la que puede llegar. Desde estas líneas no dudamos ni de la gestión de Salvo, que empieza a tener voces disonantes, ni de las pretensiones de Lim.

Pero lo cierto es que el patronato de la Fundación ha aprobado la venta del paquete accionarial al magnate de Singapur por segunda vez, y la operación, lejos de aclararse parece que cada día se enquista más.

Y ante esta tesitura cabría preguntarse qué pasa realmente para que la venta no se haya producido. Echarse las culpas unos a otros no parece una solución factible para una entidad ahogada, pero tampoco parece de recibo que Lim casi tenga comprado el club y luego aparezcan informaciones, más o menos certeras, de qué el empresario no está por la labor de acabar el estadio y además busca una quita sustancial del importe global a pagar.

Aquí, lo único que está claro es que Bankia quiere su dinero y el Valencia busca la mejor salida posible. Pero ante las idas y venidas de unos y otros el club no encuentra una solución, porque aunque se cierre la venta casi definitiva, quedan mil flecos por resolver para garantizar la viabilidad de la entidad, no ya a largo plazo, si no por lo menos a corto.

Y entre este laberinto de cruces de declaraciones, la no finalización del estadio de Cortes Valencianas sí que supone una puñalada en la línea de flotación del club para los próximos años. Porque la explotación de un estadio moderno o reformado permite unas opciones de negocio que el actual Mestalla no puede permitirse por su veteranía.

Aunque eso no quita, que puestos en el peor, o incluso mejor de los escenarios, que sería entrar en un proceso concursal, ahí está el ejemplo del Levante U.D que ha conseguido a través de este método su salvación, alguien podría plantearse, sea Salvo u otro presidente, el reformar el actual estadio por fases hasta dotarlo de una modernización completa.

Una idea descabellada, tal vez, pero no lo es menos que los planes ficticios sobre la venta del club, al menos de momento, que llegan a los medios de comunicación un día sí y otro también, y que confunden más que aportan soluciones reales a los sufridos aficionados valencianistas que contemplan, atónitos, como cualquier cosa puede pasar en estos tiempos convulsos tanto para el Valencia C.F como para la Comunitat Valenciana.