El machismo, la machisma y los mundos para-lelos

Así a primera vista, qué quieren que les diga, la cosa no pinta bien. No parece muy pulcro, elegante ni siquiera medio limpio todo el asunto este del político de turno y de turna. De estos que pasean y centran los debates, ya saben, de los que “hablan de lo que realmente interesa a los españoles y a las españolas”.  La discutida y discutible España es una nación tan poderosa que permite campar a sus anchas a tanto personaje, como de tercera fila, así como rancio y revenío, para que nos representen y sean miembros y, por supuesto, miembras de los parlamentos y las parlamentas, que llega un momento en que uno termina por creérselo, sin más, no me pregunten cómo, pero terminamos por pensar que es lo normal, llegando incluso a caer en el fatídico error de discutir sobre las cosas que ellos, habitantes de universos para-lelos (no confundir con paralelos), nos proponen como temas dignos de tal cosa.

Aquí vale todo señores y además vale mucho, aquí no hay quien se plante y diga que el asunto y la asunta del machismo y la machisma es una soberana tontería, que no es real y que ubica el debate político (y política) en una esfera tan alejada de lo que nos preocupa a usted y a mí, españolitos (y españolitas) de a pie, como la elegancia y Karmele Marchante, la sofisticación y María del Monte o el saber estar y Belén Esteban, alejada, muy alejada.

Centrar el debate sobre el futuro de Europa en el machismo (y la machisma) de Arias Cañete, es grotesco hasta para Elena Valenciano (y Valenciana). Señores, España no es un país en crisis, España es un milagro que se sostiene, eso sí, gracias a que todavía queda gente de bien, de la que lucha por sus libertades, por las nuestras, por las que nos hacen sentir únicos, únicas y libres como el sol cuando amanece. Somos libres al estilo Willy Toledo, somos un pueblo capaz de manifestarse en pro de cualquier cosa, que no se deja mangonear por cerdos machistas, rancios y trasnochados, somos de los que no lo dudan cuando se trata de demostrar la más sincera y firme muestra de libertad, golpear cacerola en ventana, bromas ni una.

A veces uno podría imaginar qué deben pensarán de nosotros cuando nos miran sin que nos sintamos observados, qué opinaran de España, de los españoles y de las españolas, de los ministros, ministras y hasta menestras. A veces uno podría imaginar por qué Europa va a un ritmo y nosotros a otro, por qué son más competitivos y por qué nuestros profesionales se van a otros países. De verdad que la tentación de pensar en estas cosas existe. Menos mal que tenemos políticos de altura, de los de verdad, de los que se preocupan por cosas realmente trascendentes y trascendentas, de los que gobernarán Europa, de los que nos quitan estas ideas autodestructivas de la cabeza, de los que luchan contra el machismo y la machisma y contra el orden injusto de los apellidos. Europe is living a celebration, cuanto lujo pa diario.