En Madrid no han entendido nada

Vaya por delante que no creo que los catalanes sean malos, ni que nos quieran conquistar, ni que coman valencianos crudos. Y también que creo que ellos y nosotros hablamos idiomas (cada vez más) parecidos. Y, por si no decirlo -aunque no venga a cuento- fuera usado en mi contra por quienes van a discrepar radicalmente de este artículo, sepan que sigo estando a favor de tener un servicio público de radiotelevisión en valenciano en la Comunidad.

Pero también creo que sí hay quienes allá y aquí están por nuestra asimilación al estilo Joan Fuster: “ser valenciano es mi forma de ser catalán”. La paella es valenciana, o sea catalana. Y el Misteri, y L’Albufera, y el territorio entero como parte del calendario festivo y de los mapas meteorológico y del tráfico de los PP.CC. De todo eso sabe y consiente el Govern catalán, y de todo eso calla.

La amenaza, que ridiculizan aquí los que minimizan las injerencias de allí (o las disculpan, o las comparten, o explican que son sólo ganas de desviar la atención de otros asuntos, o las conocen y las niegan por temer tener que llegar a lidiarlas en incómodos Tripartits) no lo es por los votos que ERC tenga ahora entre nosotros, que son pocos. Los independentistas republicanos tampoco hace diez años eran una amenaza para CiU y ahora les pasan en las encuestas. La amenaza viene precisamente por la posibilidad de que quienes la noche electoral del 25-M lo primero que dijeron era que iban a luchar aquí y en Europa por los PP.CC. gobiernen y segreguen Cataluña del resto de España, previa modificación de una Constitución que ahora prohíbe las federaciones de CC.AA., con la que a lo peor tragarían los que ahora y antes nos han negado a los valencianos el pan y la sal.

Algunos de los que aquí se rasgan las vestiduras con “el espantajo del catalanismo que agita el PP” fueron en su día a Europa coaligados con los otros actores necesarios de esta función, los que persiguen el objetivo previo de la consulta anunciando su voto y campaña a favor de la independencia, y proclaman su “buena vecindad” con la España del nuevo rey, y dejan hacer a los Meteocat y compañía. Y algunos de los de los vestidos deshilachados -los hooligan de Twitter- se quedan tan panchos llamando “indigentes intelectuales” (¿qué será lo siguiente?) a quienes, a diferencia de ellos, argumentan lo evidente.

La coherencia no campa en las redes, es bien sabido. En cualquier caso, todos los antecitados traen en su programa de mano en todo o en parte la asimilación de la que les hablaba, que es a lo que desde hace muchos decenios se juega, por ejemplo, con ACPV como delantero en punta. Eliminando las diferencias ya todo es lo mismo: lengua, cultura, banderas, economía, … pero también PSs, Generalatos…

La asociación leal y en pie de igualdad con Cataluña hasta hace poco era buena. Y ojalá siguiera siéndolo: nos ha de traer el Corredor Mediterráneo y alguna sinergia. Y hasta empresas exiliadas. Pero ahora, para que CiU-ERC no pida paz/dinero por referendum, a nosotros se nos sigue negando lo justo, que ya es perentorio. Es la inoportunidad del momento político que vivimos, esgrimida por los Montoro y compañía. A los valencianos, por tanto, se nos está perjudicando por mor de un segundo tipo, colateral, de asimilación a los catalanes que solamente (ni más ni menos que en media España) se percibe en la Meseta y aliados.

Cuando en un anterior artículo comenté de nuevo el agravio constatable, constante y sonante con el que nos obsequia eso que los catalanes llaman “Madrid”, un espontáneo me llamó por escrito “paleto”, y de paso a los valencianos, “acomplejados”. ¡Por reclamar justicia distributiva! De lo que se desprende que allá, en el resto de esta España radial, nos toman por imitadores del “Espanya ens roba”, nos asimilan en lo peor a Cataluña.

Que el espontáneo indocumentado no entienda la diferencia es preocupante, porque como él debe haber miles de votantes. Pero que no la vea alguien tan informado como mi por otra parte querido y admirado José Apezarena (al que le he oído hablar varias veces -por ejemplo- de las diferencias entre valenciano y catalán), que escribe que “Alberto Fabra da vuelos a Cataluña”, me parece grave. El periodista navarro, afincado en Madrid, descalifica el argumentario de Alberto Fabra en FAES por ligar la falta de financiación a nuestra Comunidad con el “dique” valenciano a los fuegos separatistas que vienen del norte. Apezarena parece que cree que los valencianos debemos callar (¿y dejar de recibir los servicios básicos ahora en peligro?) para no acrecentar las aspiraciones catalanas, que a mi juicio ingenuamente se ve que juzga reversibles. Da por hecho que ambos estamos igual de bien financiados y que simplemente queremos más, cuando no es así.

Y da la impresión de que ha entendido que aquí amenazamos a España con hacernos independentistas si no se nos conceden privilegios, cuando lo que hace Fabra es alertar de que si no se nos hace justicia aumentará el número de los que acaben por verle ventajas a esa primera asimilación de la que antes les hablaba, votando a quienes la comparten, la propugnan, la entienden, o la desean. Alguien debería hablar con los cada vez más numerosos apezarenas que hay por el mundo -especialmente mediático-, y explicarles la diferencia. Si se le explica bien a Pepe seguro que la entiende.