España enferma de melancolía con la muerte de Suárez

Por exigencias de mi trabajo viví en primera fila la transición política española. Por eso puedo afirmar que las emociones y referencias que afloran estos días tras la muerte de Adolfo Suárez no tienen qué ver con lo que ocurrió entonces. ¿Entonces por qué la sociedad española vive ahora aquellos momentos como si hubieran sido heroicos? Por melancolía, por nostalgia, por intentar recuperar un ideal que ahora ha perdido.

La transición política española fue modélica porque nos interesaba a todos crear un fuerte vínculo con el futuro después de la oscuridad de la dictadura. Había que enterrar el pasado y todos coincidimos en lo mismo. Suárez, el Rey, los políticos o los líderes de la sociedad civil revistieron hábilmente aquel momento. Pero hay documentos que permiten asegurar que todo aquello estuvo bien tramado y no fue espontáneo. (http://www.lavanguardia.com/politica/20140323/54403956620/palabras-mao-entender-suarez-enric-juliana.html)

Hubo momentos duros, momentos ejemplares, momentos históricos. Y cual si fuera Cuéntame y Adolfo Suárez fuera Antonio Alcántara todos hicimos de aquel momento un momento idílico. Cualquier pueblo necesita referencias en las que apoyarse y como dice Hegel no tener miedo a la “subjetividad a la hora de valorar la historia”. Porque luego con el paso del tiempo pasa lo que pasa, que Antonio Alcántara mete la mano en la caja y se busca una querida.

Los enfatizados Pactos de la Moncloa fueron una apuesta de Fuentes Quintana y no de Suárez, que le parecían demasiado atrevidos. Y el PSOE no quería firmarlos y ordenó a la UGT que no lo hiciera. Luego se arregló todo con una devaluación de la moneda y de los salarios y un paro galopante, que llevó a Felipe González a prometer 800.000 puestos de trabajo, que no pudo cumplir ganadas las elecciones del 82.

Pero ahora lo importante es comprobar cómo la sociedad española está tan deprimida, tan pesimista, tan falta de afecto, que se apunta al revival. Como diría Freud, estamos de duelo por lo perdido. Por eso recreamos el espíritu de los tiempos en el entierro de Suárez. Si además los medios de comunicación españoles están igualmente faltos de referentes y teatralizan hábilmente la historia, el cocido ya está hecho. Si me apuran es lo que está haciendo Putin con Crimea (resucitando el ideal del Imperio) o Artur Mas en Cataluña sacando a pasear la derrota de 1714. Es cuestión de hacerse la víctima hasta con el Tribunal Constitucional. Nosotros queremos revivir Cuéntame. Y en agosto repondremos Verano Azul.

La nostalgia permite dar marcha atrás por los caminos de la memoria, como interpretaba Carl Gustav Jung. Y en esas estamos. Y como la memoria es selectiva solo utilizamos aquella parte de la historia que nos conviene, la ilusión. Jorge Manrique ya lo decía hace muchos años: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Es mejor pensar que la transición fue magnífica antes que sufrir los cinco millones de parados de hoy. Necesitamos emocionarnos, sentir, vivir con algo más que la tristeza permanente que invade la sociedad española. Y como nadie nos enseña la zanahoria y nosotros no estamos para grandes envites como fue renunciar a la tutela del franquismo, lo mejor es recuperar la moviola. Cualquier tiempo pasado fue mejor. Y la muerte de Suárez ha sido la terapia colectiva que todos necesitamos. Veremos después qué pasa.

La transición fue tan ejemplar como único el momento. Pasó de todo, pero sobre todo lo que paso es que teníamos que vivir sin Franco. Lo malo es que ahora ya no está Franco y las responsabilidades son colectivas cuanto no individuales. ¿Alguien quiere dar el gran salto a una sociedad moderna? ¡¡Uff!! ¡¡Cuánto riesgo!! Pues entonces pongámonos de duelo por lo perdido. Cualquier día nos pondremos de negro por la burbuja inmobiliaria porque también esos años fueron tan heroicos como los de la transición, al menos en los bolsillos. Es una cuestión de idealizar los momentos.

Ilusiones, ese es el problema. Suárez ilusionaba a un pueblo que quería ilusionarse. Ahora no hay magos y encima solo nos ilusiona la cantidad de euros disponibles. Ahí está el verdadero reto de la política española en estos momentos, no solo en gestionar la crisis y los cambios necesarios para salir de ellos, sino también en ilusionar a los españoles en nuevos cometidos. Los nacionalistas catalanes es lo que hacen con su referéndum. Pero no se ven mayores temperamentos para enganchar al resto de España. Y lo peor es que frente a la melancolía la alternativa es la cólera. Y eso es muy peligroso.

Jesús Montesinos
www.jmontesinos.es