Felipe VI no gobernará

Montesinos

Los aires de cambio están de moda desde que el Rey Juan Carlos anunciara su decisión de abdicar. Todo el mundo habla de que con Felipe VI las cosas van a cambiar en España, aunque nadie sabe hacia dónde.

Hay quienes piden una República para que el cambio sea total. Y otros confían que con el nuevo Rey las cosas cambiarán a mejor poco a poco. Pero resulta que todo es una perversión del lenguaje. Felipe VI no gobernará porque en una monarquía parlamentaria el rey reina pero no gobierna. ¿Puede entonces decidir algún cambio?

Los cambios políticos que puedan producirse son por decisión del Parlamento que luego rubrica el Rey, que ni siquiera puede censurar una revista (El Jueves) por mucho que se denuncie en el lenguaje mediático. Y el Parlamento este y el que venga lo deciden los españoles. ¿Hasta dónde pues están decididos los españoles a promover un gran cambio? Ahí entramos en la perversión del lenguaje. Porque como dice el psiquiatra Rojas Marcos a los españoles lo que nos gusta es quejarnos.

Aparentemente España está al borde de la revolución política, social, económica y hasta planetaria. Escuchas la radio, ves la tele, sigues las redes y revisas todo el abanico de periódicos y llegas a la conclusión de que algo gordo va a pasar. Pero luego miras la encuestas del CIS o bajas al bar y a la peluquería y la gente habla del paro, de un político chorizo, del Mundial y de si Letizia estará guapa de reina. ¿Dos realidades? No. La perversión del lenguaje.

El cambio llega, pero no como consideran unos líderes más antiguos que la propia Monarquía. Está llegando a toda Europa desde hace 40 años, como dice Michel Wievierka. (https://www.academia.edu/4725824/Identidad_y_Movimientos_Sociales_Michel_Wieviorka)

Y el futuro tardará en llegar otros diez años, como dice Santiago Niño (http://youtu.be/8Y7ru6z7KwE). No siquiera el paro se solucionará en unos años.

El cambio pues no llegará de la mano de Felipe VI ni de sus contrarios republicanos. El cambio está llegando. Es la perversión del lenguaje que se ha instalado en España la que genera la confusión y el rechazo a un cambio real. ¿Por qué nadie reconoce que el fracaso escolar lleva instalado 30 años en España?

Esta misma semana Cayo Lara denunciaba que el PP y el PSOE no tienen legitimidad para votar a Felipe VI como Rey de España. Tienen la mayoría parlamentaria, ganaron las últimas elecciones y gobiernan con mayorías en casi toda España, pero Lara dice que no tienen legitimidad para tomar decisiones, que el pueblo español ya no está con ellos. ¿Está la mayoría del pueblo español con Izquierda Unida y Cayo Lara? ¿Quién les da la legitimidad para hablar en nombre del pueblo español? Es la perversión del lenguaje.

Un lenguaje en el que se ha instaurado la necesidad de deslegitimar al otro y asumir la identidad del líder clave para el cambio necesario. A partir de aquí ya es cuestión de repetir el mantra, jugando adecuadamente con el lenguaje. Nadie entrara en el significado real de las palabras, porque democracia, pueblo, representación partidos, etc., sirven para un roto y para un descosido.

¿Piden la misma República Izquierda Unida, Podemos, Compromís o Unió Democrática de Catalunya y el ala izquierda del PSOE?

¿Entienden lo mismo por reivindicación Alberto Fabra cuando habla de nueva financiación si cambia la Constitución que Morago (Extremadura) cuando está dispuesto a ceder competencias?

¿Puede hablar un Gobierno autonómico de reivindicación respecto a otro, como alardea la consellera Catalá?

¿Tienen el mismo concepto de ética de la responsabilidad Pablo Iglesias que Cayo Lara?

El lenguaje se ha convertido en política en algo maleable e interpretable, abonado después por la segmentación que imponen los medios de comunicación fieles a la derecha o a la izquierda. Es un lenguaje maniqueista en el que ganan aquellos que mejor saben utilizar los códigos que marcan la agenda.

Ahí está el caso de la documentación de los Borgia que la Generalitat ha dejado que se vaya a Barcelona. ¿Es cierto o es falso? Da lo mismo. Salió publicado que es un descuido del Consell y es lo que vale. Y encima algún genio del gobierno autonómico se pudo a escribir cartas a Roma pidiendo copias. La perversión del lenguaje crea la agenda setting.

El futuro no llega porque el pasado no se marcha y el presente permanece.

 

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