LA INVESTIDURA DE RAJOY Y LA PARADOJA DE CASABLANCA

COMPLICADO RESULTADO ELECTORAL, NECESARIA REFLEXIÓN CONSTITUCIONALMariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal. COMPLICADO RESULTADO ELECTORAL, NECESARIA REFLEXIÓN CONSTITUCIONAL

En la investidura de Mariano Rajoy se va a producir una curiosa manifestación de la paradoja de Casablanca, por el presumible apoyo explícito de Ciudadanos y la minoría canaria, e implícito del PSOE.  ¿Qué quiero decir con este enlace entre la paradoja de Casablanca y la investidura de Rajoy? Me explico

La paradoja de Casablanca hace referencia a la famosa escena final de la película Casablanca, en la que el personaje Rick Blaine (Humphrey Bogart) y el Capitán Renault (Claude Rains) se alejan en la neblina del aeropuerto de Casablanca y Rick le dice al Capitán Renault “Louis esté es el comienzo de una hermosa amistad”.

La paradoja se encuentra en que -a pesar de una hipotética y difícil fuga de ambos a algún territorio fuera del control alemán- van a tener que seguir en sus respectivos roles de empresario de la noche con actividades de regular legalidad (juego clandestino, connivencia con la resistencia anti nazi) y de jefe de la gendarmería en la Casablanca de control francés colaboracionista bajo supervisión alemana.

Y, aunque Renault tenga amistad y simpatía por Rick -y algunos intereses económicos inconfesables en sus actividades- ambos van a seguir en bandos contrapuestos y con obligación formal de uno de perseguir al otro. La paradoja está en que, aunque terminan ambos personajes amigos y cómplices, van a tener que comportarse públicamente como acérrimos enemigos y jugar a policías y criminales (en el sentido más literal).

Trasladado a la política española actual, encontramos que -tras la tremenda voladura controlada del liderazgo de Pedro Sánchez y la definitiva abstención del PSOE para facilitar la investidura de Rajoy- se va a producir una análoga situación de amistad y complicidad soterrada entre PSOE y PP (o entre algunos dirigentes socialistas y Mariano Rajoy), pero encubierta por una feroz oposición formal.

¿Y por qué? Pues porque la misma necesidad de encauzar la situación política, y la consecuente recuperación económica, que les hace fraguar un acuerdo entre los partidos “constitucionalistas” para la investidura de Rajoy, les va a obligar a una aparente oposición enconada y feroz, pero sin vetos que impidan la gobernabilidad (aprobación de los presupuestos, medidas impuestas por la Unión y semejantes).

Lo cierto es que España no puede permitirse una indefinición política constante y esto lo han comprendido bien los partidos del espectro llamado constitucionalista. Peligran con la inestabilidad y la ausencia de gobierno la recuperación económica e incluso la misma integridad de España, si no hay un bloque fuerte cerrando filas en torno a la Constitución y sus valores fundamentales.

Obviamente, los españoles no hemos votado el que las cosas siguieran igual, hay una amplia mayoría que ha votado por un cambio -aunque la pérdida de votos entre diciembre y junio de los partidos emergentes indica que tampoco hay una mayoría clara un favor de un cambio muy radical-, pero ese cambio se va a producir, aun cuando siga gobernando Rajoy. El simple hecho del pacto expreso entre PP y Ciudadanos, con sus puntos programáticos para la regeneración y contra la corrupción, ya indica un camino totalmente nuevo y una especie de cambio de régimen. Si a eso sumamos los condicionantes que seguramente pondrá el PSOE para dar su apoyo -explícito o implícito- a la aprobación de los Presupuestos, y que conllevarán presumiblemente menores recortes sociales y mayor apoyo a las clases medias, parece que sin que haya un cambio de cartel, sí que habrá un cambio político importante.

Esto -el forjamiento de una sólida amistad, fundada en razones profundas, pero disimulado un aparentemente encarnizada lucha política- es a lo que he llamado la paradoja de Casablanca. Pero tras el análisis de los cambios de política que pueden producirse a cambio del apoyo expreso de Ciudadanos y el apoyo implícito del PSOE, recuerdo otra paradoja que comentaba en estas mismas páginas hace algo más de un año: la paradoja del Gatopardo (en alusión a la genial obra de Lampedusa).

Pero ahora tomada en una formulación totalmente contraria: “no cambiar nada para que todo cambie”.

Autor:  Mariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal