La paja del arroz, un perverso problema medioambiental

Los agentes medioambientales, atrapados en el laberinto de la ConselleriaDomingo Rojo, colaborador en Valencia News. Los agentes medioambientales, atrapados en el laberinto de la Conselleria

Cada otoño, tras la siega de las 14.000 hectáreas de arrozales del Parque Natural de l’Albufera y de los municipios de la Rivera Baixa, se generan en torno a 75.000 toneladas de residuos, concretamente de paja, que resultan perjudiciales para el entorno ambiental de nuestra Comunidad.

Este residuo agrícola genera un complejo problema medioambiental de difícil solución. Es lo que llamamos un problema perverso, ya que todas las soluciones posibles llevan asociados aspectos negativos de carácter ambiental y socioeconómico. Pero pese a esta problemática, hay que ser conscientes de que los campos de arroz  representan una parte fundamental dentro del Parque Natural de l’Albufera. Esto es debido al papel que desempeñan como sustento para una vegetación y fauna invertebrada asociada que constituye la base trófica de numerosas especies de vertebrados, principalmente aves.

Son numerosas las posibles soluciones que hay sobre la mesa para poder erradicar este conflicto. Una de ellas es la quema de los sobrantes de la paja del arroz, alrededor de esta medida existe mucha controversia ya que esta práctica está prohibida en buena parte del mundo, en particular en la Unión Europea desde el año 2008. Esta actuación genera ingentes cantidades de CO2, agudiza el efecto invernadero y provoca numerosos problemas de salud pública debidos a la propagación del humo hacia los núcleos urbanos próximos a los puntos de quema. Todo ello provoca protestas por parte de los colectivos vecinales y denuncias desde los grupos ecologistas.

Otra alternativa la encontramos en la práctica del ‘fangueo’. Consiste en enterrar la paja y los restos de la siega bajo una tierra ligeramente inundada, mediante un labrado profundo. Esta medida permite cumplir con las exigencias de la Unión Europea contra la quema de la paja pero, por el contrario, genera algunos problemas a corto y medio plazo.

A corto plazo la no retirada de la paja en descomposición tras la cosecha genera una materia orgánica que empeora la calidad de las aguas de l’Albufera y vulnera las exigencias de calidad de la Directiva Marco del Agua, puesto que la contamina. Esta materia orgánica provoca, además, un aumento de la mortalidad de peces y otras afecciones sobre la biodiversidad. También contribuye al aumento de los malos olores por las emisiones de metano a la atmósfera cuyo efecto invernadero es 23 veces más potente que el producido por el CO2.

A medio plazo esta práctica genera problemas de pérdidas en la productividad agrícola por el exceso de materia orgánica en la tierra que provoca la asfixia de los arrozales por falta de oxígeno en el agua. También se produce un aumento de los problemas fitosanitarios apareciendo diversas enfermedades en los arrozales por la expansión de diversas plagas. Las pérdidas derivadas del fangueo pueden alcanzar hasta el 50 por ciento de la producción, por lo que no resulta una medida rentable y seria para solucionar el problema.

Llegados a este punto, bajo mi criterio, una de las alternativas medioambientales más interesantes y adecuadas por sus menores efectos secundarios es la extracción de la paja de los campos con destino al compostaje; a la alimentación del ganado; a la fabricación de cubiertas vegetales y su aplicación a la industria basada en I + D; a la fabricación de paneles de fibra vulcanizada destinados a la construcción y rehabilitación; a la pasta de papel e incluso, a la fabricación de palés de mediana resistencia; a la producción de energía eléctrica mediante la fabricación de biogás  y a la fabricación de bioetanol.

El principal hándicap de esta medida es su escasa viabilidad económica. Hoy por hoy, esta solución medioambientalmente sostenible tiene un coste muy alto y comienza a generar beneficios a partir del medio plazo por lo que no resulta atractiva ni para la iniciativa privada ni constituye una prioridad para los gobiernos.

Pero a pesar de estas adversidades, debemos impulsar con total convicción la reutilización de este residuo agrícola incentivando esta práctica mediante fondos europeos, de modo que se pueda compatibilizar la protección medioambiental del Parque Natural de l’Albufera con la viabilidad socioeconómica del cultivo del arroz. Adoptar esta solución debe entenderse como la mejor solución desde el punto de vista medioambiental y como una oportunidad para fomentar empleo verde en los municipios colindantes al Parque Natural de l’Albufera y de la Ribera Baixa.

Artículo de opinión de Domingo Rojo, diputado d Ciudadanos en Les Corts