Lo mismo, aproximadamente

Aunque no sea cierto, esta crónica semanal se va a parecer mucho a la de la anterior semana. Porque siendo verdad que hay mil y una novedades en los asuntos que la integran, la verdad es que no vienen a cambiar el tono general de pesadumbre. Producida por el Caso Bárcenas y por los problemas que hay en el PP valenciano a causa de la falta de recursos y por la corrupción.

Cuando el domingo pasado el diario de Madrid “El Mundo” insertó revelaciones de Luis Bárcenas confiadas en exclusiva a su director, Pedro J. Ramírez, el asunto que se llamaba Caso Bárcenas no solo se complicó sino que estuvo a punto de convertir en Caso PP o Caso Rajoy. Nuevas revelaciones, nuevas insinuaciones, nuevas acusaciones de la existencia de hipotéticos sobresueldos y un proceloso océano de incógnitas se abrieron ante la opinión pública, literalmente harta de que ese tipo de lucubraciones presida los informativos un día tras otro.

El jueves, el juez Ruz hizo comparecer al periodista mientras citaba al antiguo tesorero del PP para el lunes, 15 de julio. Poco importa –o mucho, da igual—que el asunto de los EREs de Andalucía se hiciera más grave a ojos vista ante las nuevas imputaciones: el resultado evidente es que cuando el PP, en el Congreso, quiso esta semana abordar el tema de la proyectada Ley de Trasparencia, todos los grupos de la Cámara dejaron al  Grupo Popular abandonado a su suerte, con el borrador de esa ley para otra oportunidad, que en el mejor de los casos quedará para septiembre.

Claro que el PP jugó esa misma baza, la de la soledad, a la hora de esquivar la comparecencia del presidente del Gobierno que todos los grupos pedían indignados. De poco vale que las salpicaduras del barro de la corrupción sean generales: todos querían poner a Rajoy en la tribuna de los acusados, aunque la finta del grupo popular lo ha evitado y Rajoy, en el mejor de los casos, ha ganado casi dos meses de plazo, con las vacaciones de por medio.

Esta semana se ha recordado que Felipe González, en los noventa, esquivó el Caso Filesa con fintas y angustias parecidas: diciendo que había que poner la mirada en lo importante –Rajoy, por ejemplo, se aferraba a las inversiones de la fábrica Opel—y dejar las anécdotas del día a un lado. Pero vaya usted con esas recetas a la prensa de Madrid… o de cualquier otra parte. Lo que se quiere, evidentemente, es morder en carne viva. Y hacer ver, desde que Pedro J. Ramírez publicó “revelaciones” que en realidad ya había dado a conocer hace meses “El País”, que lo que estamos viendo es agigantarse la figura de Esperanza Aguirre, la candidata de esa derecha de Madrid tan radical y aguerrida, que no pierde ocasión para hacerle amarga la vida a Rajoy aunque dicen que verdadero objetivo es la señora Cospedal…

Cosas de Madrid, se diría, si no estuviera por en medio al prestigio, muy deteriorado esa es la verdad, del partido que Gobierna España. Cosas de un Madrid conde el Caso Gurtel está todavía por desollar y donde los imputados aguardan turno. Cosas de un Madrid donde la gracia, como en los tiempos de Galdós, consiste en comentar, en las tertulias y cenáculos, los nombres de los donantes del PP y de los beneficiarios de las dádivas o sobresueldos que se otorgaban. Porque hay ocasiones en que lo que cuenta es eso: figurar entre la minoría de la Corte que sabe lo último sobre los cotilleos de la temporada para poder seguir practicando la misma política de despellajamiento que cuando el marqués de Romanones era llamado “El Cojo” en los chistes ilustrados.

Con todo, la realidad, amarga como la hiel, está sobre la mesa: desde hace 20 años, en realidad desde aquellos episodios de Naseiro y Sanchis Perales, el PP se ha venido financiando como estamos viendo. Los administradores torcidos se suceden y practican el mismo rito de “dos para ti una para mí”. Un modelo que en el PSOE tiene sus variaciones aunque en realidad lo que vemos de allá hunde sus raíces en el hermano de Alfonso Guerra. Los dos grandes partidos, más Convergencia i Unió, los asuntos de Navarra y los de Baleares, hunden a la clase política española en un lodazal indescriptible del que habría que salir con menos gesticulación ampulosa y con más humildad. Con el reconocimiento de que se necesita un nuevo y radical modelo. Y cuanto antes mejor…

Por tierras valencianas

Mientras tanto, por tierras valencianas sigue la misma función aunque se le van añadiendo algunos episodios nuevos. Seguimos viendo la reclamación al presidente Fabra para que tome medidas contra los imputados que afloran, declaran, se escudan y se defienden por todas partes, y sigue la oposición –casi más activa en la prensa que en los partidos—empujando a los afectados por causas escandalosas hacia unas dimisiones a las que desde luego se resisten.

Por otro lado, aunque anoche mismo –en la calle de Quart y en una Sala de bodas de Sueca–  se verificó un acto de unidad provincial del Partido Popular, lo que se vio más claro si cabe que nunca es que las unidades son eso, provinciales, que la estructura regional renquea y que, siguiendo con la metáfora, la “unidad provincial” de Valencia sigue poniendo muchos recelos y reticencias al liderazgo venido desde la “unidad provincial” de Castellón.

Y es que, como dijo el poeta, “donde no hay harina todo es mohína”. Y harina no se ve. La Comunidad Valenciana no cumple los objetivos de déficit, anda esperando que el el secretario de Estado de Administraciones Públicas, señor Beteta, le ponga unos deberes cómodos de cumplir, reclama una nueva financiación que no se ve ni de lejos y el antipático ministro Montoro se encarga de hacer ver lo que se veía venir: que hemos de subir los impuestos y que es más que probable que hay que poner en circulación otra tanda de recortes, que incluso afectarán a las dos grandes partidas de la institución, que son la Sanidad y la Educación. Porque la autonomía valenciana no pudo cumplir el 1,5% de déficit que se le estableció para el año 2012 y que, con las cifras actuales es muy raro que se pueda someter a los requerimientos precisos.

“El impuesto sobre el IRPF no se va a tocar. Si se hace, será para crear nuevas deducciones”, dijo todo serio el vicepresidente Císcar ayer. Pero acto seguido admitió, claro que es posible que se toquen los que gravan las transmisiones y que solo afectan a todos los bolsillos cuando se tiene una herencia o se compra una casa. Pero evidente que lo que Europa llama “consolidación fiscal” para que quede muy bonito, se está haciendo presente antes de que se imponga el periodo de vacaciones.

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