Otro muro de la vergüenza

El problema de los refugiadosEuropa cierra puertas. Europa cede al chantaje

Con el controvertido acuerdo de la Unión Europea para expulsar a Turquía a los refugiados que lleguen desde sus costas, asistimos a la construcción de otro muro de la vergüenza. Esta vez, a golpe de talonario y sin medir las consecuencias de los cimientos embrionarios sobre los que sustenta la alianza comunitaria.

El acuerdo supone aumentar los 3.000 millones de euros destinados a Turquía para atender a los refugiados. A cambio: eximir a sus ciudadanos de la necesidad de visado para viajar a la UE y avanzar en el proceso de adhesión al bloque europeo.

Una vez más, vemos como los jefes de Estado y Gobierno de la UE se ‘bajan los pantalones’. Ahora, ante un país que, paradójicamente, da un gran paso hacia adelante en sus aspiraciones de adhesión y no en sus estándares democráticos.

Una muestra más de que los líderes comunitarios ni han querido ni han podido resolver la crisis migratoria. No nos extrañemos, entonces, y atribuyamos el euroescepticismo al populismo. Es la propia UE la que se encarga de fomentarlo renegando de sus principios. Es la que se abstrae de sus responsabilidades humanitarias y desdibuja el verdadero espíritu de aquel compromiso geopolítico inicial, fundamentado en tres pilares básicos: competencia, cooperación y solidaridad.

Sus políticas, en forma de inventario, no dejan de estar sujetas a una parte de la opinión pública de la eurozona -de carácter xenófobo- que parece haber perdido la memoria histórica de su país, al cinismo, la debilidad o dependencia político-económica de muchos gobiernos y al riesgo electoral.

Europa cierra puertas. Europa cede al chantaje turco y al de sus propios aliados.  Y aunque millones de voces se alzan contra esta decisión con gritos de ‘No en mi nombre’, lo hacen en nombre de todos.

Esa es la realidad. Mientras intentan poner parches al problema desde los despachos, 100.000 refugiados claman ayuda. Solo es un número seguido de unos cuantos ceros para los mandatarios europeos. Los miles de rostros de la desesperación, cruzando fronteras, se han convertido y son ya pura estadística.