Nuestra forma de vida se extingue

Por fin parece que vamos a tener unos días de invierno. Desde el 21 de Diciembre lo que hemos pasado es una especie de veranote de Navidad en donde sólo las noches, y en tierras de interior, han sido frías. Y, en el caso de los telediarios, sádicas. Porque ver a las presentadoras de los noticiarios en manga corta o directamente sin mangas dando paso a corresponsales tapados hasta arriba sólo merece ese calificativo. Es como decirles “fastidiaos, que yo en el estudio estoy calentita, y vosotros ahí, pasando frío, pringados”. Es una forma de mostrar superioridad y, ¿por qué no decirlo?, derroche, con la calefacción tan alta como para permitirse lucir ligeras de vestimenta.

Y no sólo en informativos y en estudios, también está el caso de la Pedrochevieja. O sea, de la Pedroche en Nochevieja, con sus transparencias. A las críticas cosechadas han respondido ella ­y otros­ aludiendo a la libertad de elección de vestido, cuando todo el mundo sabe que esta faceta de la liberación de la mujer es, desde la Transición y el nacimiento de Interviú, la excusa que los hombres proponen a las mujeres inalcanzables para verlas desnudas. Bien está si esta confusión entre churras y merinas a todo el mundo complace.

Pero sin piropos, ¿eh?, que “aunque sean bonitos” dice la responsable del Observatorio contra la Violencia de Género del gobierno de los jueces (CGPJ), que no de la razón, que hay que erradicarlos porque “invaden la libertad de la mujer”. Mi madre nunca se quejó de que le llamara guapa. Y mi pareja aún no me ha denunciado por reiterárselo cada día, fíjense en el agravante.

De todas formas, ¿qué quieren?, en un mundo con dos papas (uno de los cuales no pondría la otra mejilla si mientan a su madre), un país con cuatro reyes, una Comunidad con dos cajas valencianas que ahora son madrileña y catalana, y un club de fútbol que preside una señora oriental, lo de la manga corta y el vestido transparente tampoco me parece tan difícil de asumir.