¿Nuevas elecciones? ¿Servirán para algo?

escraches y democraciaMariano Ayuso Ruiz-Toledo. Abogado, Director de Ayuso Legal - Colaborador de Valencia News

Las complicadas negociaciones entre los partidos políticos vencedores/perdedores de las elecciones del pasado mes de diciembre parecen abocar a España a una nuevas elecciones.

La incapacidad de los cuatro principales actores para llegar a acuerdos razonables de gobierno o de investidura nos acabarán llevando a esta  salida. Pero probablemente los españoles no entendamos que una vez expresada nuestra voluntad en las urnas, tengamos que volver a ellas, porque a los dirigentes políticos no les resulta cómoda la distribución de escaños.

La culpa, es cierto, quizás no sea totalmente de los políticos actuales, sino de sus predecesores –que pactaron un sistema electoral muy deficiente e injusto-, pero ellos (sobre todo los de los dos principales responsables del desencuentro, PP y PSOE) podrían haberlo cambiado y, en ningún caso, los culpables somos los ciudadanos.

Digo que los principales responsables del desencuentro son PP y PSOE y esta afirmación creo que debe ser explicada.

La actitud de los dos grandes partidos minoritarios (Podemos y Ciudadanos) es explicable e incluso loable. Podemos tiene  un compromiso con sus votantes de cambio radical de izquierdas, que le impide pactar ciertas cosas y le exige imponer una presencia en el gobierno que evidencie “coram populo” que su voto va a ser determinante de un cambio real y radical. Es coherente.

Ciudadanos tiene una actitud flexible y posibilista. Realmente es la única formación que está procurando de manera efectiva un pacto viable y ello aunque le pueda traer consecuencias desastrosas para su supervivencia futura. Si forma Gobierno con el PSOE probablemente pierda todo su electorado procedente del centro y centroderecha y si se escora hacia la derecha será tarde o temprano fagocitado por el PP.

El problema se plantea en el campo del centro izquierda y del centro derecha.

El PSOE tiene un grave problema interno –aunque parece que Sánchez, por lo menos durante la negociación para la investidura, se ha hecho con las riendas- que le fuerza a intentar conseguir como sea la investidura. Además se mueve entre los peores resultados de su historia y un electorado que no transigiría con un pacto de entrega a los radicales de Podemos, ni de favorecimiento de los  nacionalistas más  extremos.

Por eso es posible que Sánchez esté intentando –y las bases dijeron el sábado que le apoyan- una “gran coalición” con Ciudadanos, a la vista de la incompatibilidad e imposibilidad de pacto con el PP (que, como mucho llegaría a una abstención de éste en la investidura de Sánchez, sin contraprestaciones prepactadas).

Para el PP, por su parte, hay una imposibilidad casi absoluta de llegar a gobernar, ya que  no tiene la mayoría absoluta y ni siquiera le sería posible un pacto con Ciudadanos (como el que le permite gobernar la Comunidad de Madrid) tras los últimos escándalos de corrupción. Parte de la culpa es de sus dirigentes por una forma de gobernar poco abierta al diálogo y poco comunicativa (que ahora explica Rajoy  por lo complicado de gestionar la crisis económica). También le perjudica la “voracidad” de acaparar el espectro de centro derecha, sin dejar campo para otros partidos como no vinieran de la izquierda y con anclajes en ella (como ocurre, por más que les acusen de lo contrario desde Podemos , con UPyD o Ciudadanos).

El caso es que las matemáticas –al menos las de los números simples y la física newtoniana- son bastante sencillas y, conforme a ellas, o el PP apoya indirectamente a Sánchez y se suicida y entra en el camino de su virtual disolución (ya está en el dilema de la disolución o la entera  refundación, salvando poco más que las siglas), o vamos a nuevas elecciones para el mes de junio. Lo que es impensable es que Podemos apoye indirectamente una coalición de centro izquierda que ellos ya han calificado de centro derecha.

Pero, ¿Servirá de algo la celebración de nuevas elecciones?

Probablemente para nada. Los resultados electorales serán casi los mismos en cuanto al reparto de escaños, pues la muy probable subida de la abstención no influye en el reparto de escaños.

Parece que tan sólo la aparición de nuevos actores –ya sean nuevos partidos o nuevas caras en los anteriores- puede hacer que la balanza se incline claramente hacia un lado u otro, o sean posibles pactos más amplios.

Artículo de colaboración de Mariano Ayuso Ruiz-Toledo, Abogado, Director de Ayuso Legal