#OPINIÓN de Enrique Arias Vega | Además, cobardes

Enrique Arias Vega, gobiernoEnrique Arias Vega, autor del artículo, 'Además, cobardes'

No hay que dar demasiadas vueltas a los brutales insultos en Twitter y otras redes sociales. La legislación española contempla, como todas, los delitos de injurias y calumnias, ya sean realizados por carta o a voz en grito dentro de un bar.

Más modernamente se han añadido los de apología del terrorismo e incitación al odio, con lo que discutir sobre ello son ganas de perder el tiempo: el delito, o los delitos, existen y punto. La utilización de las redes sociales, en vez del escupitajo en plena cara, lo único que hace es añadir dos características nuevas: la masiva difusión de la ofensa y la aparente impunidad de quien la realiza.

Eso acaba de comprobarse, una vez más, en la muerte del torero Víctor Barrio. Los malvados que han volcado su saña hacia él y los suyos con expresiones abyectas serían igual de miserables si no existiese Internet. Pero su existencia probablemente les espolea para dar lo peor de sí mismos al tener en sus manos un instrumento tan eficaz y de apariencia tan segura como él.

La prueba de que sin esa cobertura informática no se atreverían a volcar tan alegremente su inquina es que cuando les pillan, les critican o les denuncian suelen cagarse en los pantalones. Ahí tenemos, si no, la respuesta de Vicente Belenguer Santos, quien después de haberse escrito en su Twitter que bailaría sobre la tumba del torero arguye que no ha sido él y que alguien ha debido entrar en su cuenta. ¡Como si eso fuera tan sencillo y tan habitual!

Aparte de la cobardía de los matones, ya sean de hecho o de palabra, tales exculpaciones muestran su apego a la impunidad y el reconocimiento implícito de que estamos hablando de conductas delictivas. ¿A santo de qué, si no, vendría su vergonzosa marcha atrás?

Enrique Arias Vega