Pedro Sánchez y el poder

Pedro Sánchez ha comenzado este fin de semana la reconquista del PSOE con el objetivo final de La Moncloa. Pero, ¿qué ofrece a cambio Pedro Sánchez?

Ése ha sido siempre el gran misterio del ex dirigente socialista, tanto cuando se postuló a la Presidencia del país de la mano de Ciudadanos, como cuando se opuso frontalmente a Rajoy (“¡no, no y no!”), sin presentar un programa alternativo.

La razón última del enfrentamiento de otros líderes del partido y su defenestración final fue ésa: ¿qué pretende este señor?, ¿cómo acabará el PSOE bajo su liderazgo?, ¿qué país propone?, ¿con qué aliados?, ¿a qué precio? La falta de respuestas claras y contundentes (honestas, llegaron a decir algunos) precipitó su final abrupto y traumático.

Entre las muchas diferencias de Sánchez y Felipe González hay una manifiesta. Cuando Felipe fue elegido Secretario General del partido con un programa con el que estaba en desacuerdo, dimitió del cargo. Sánchez, en cambio, se aferró hasta el último segundo a su puesto, sin saberse siquiera qué programa proponía. Otra diferencia más: Felipe ganó con abrumadoras mayorías y el día en que no lo hizo se fue a su casa. Sánchez ha ido de derrota en derrota hasta dejar al PSOE bajo mínimos y en cambio aquí le ven, queriendo dar guerra hasta después de muerto.

Con estos datos y estos precedentes está claro de que lo que Sánchez pretende es el poder, sin importarle el coste ni saberse qué quiere hacer con él. Hasta ahora, desde Adolfo Suárez a Rodríguez Zapatero, todos los dirigentes políticos han sabido que el poder sólo es un instrumento que dan los votantes para modificar las cosas. Lo otro, el poder por sí mismo, resulta profundamente antidemocrático.