¿Reforma Constitucional?

Juan Vicente Pérez Aras, Diputado Nacional PP. Un Consell y una Legislatura agotadosJuan Vicente Pérez Aras, Diputado Nacional PP. Un Consell y una Legislatura agotados

Con el arranque de la XIIª Legislatura, el debate vuelve a estar sobre la mesa de los partidos políticos. Sin lugar a dudas, esta cuestión va a preocupar y ocupar a sus señorías, pues definitivamente es uno de los temas centrales que van a marcar la agenda política de los próximos meses. Todas las fuerzas políticas se han manifestado al respecto. Sin prisa, pero sin pausa, el Congreso abre la puerta al estudio del qué queremos cambiar y al cómo lo vamos a realizar. Hasta dónde queremos llegar y para qué. Con qué objetivo y finalidad, porque esto no es un juego donde se puedan abrir debates que después no se sepan cerrar.

Su acertado planteamiento y desarrollo determinará nuestro futuro como nación en las próximas décadas. De ahí que debamos afrontarlo desde la responsabilidad y el rigor. Generando una visión a largo plazo, sin caer en retóricas cortoplacistas que nos alejen de nuestro cometido y, sobre todo, para no defraudar a una sociedad que exige respuestas. Un proceso que deberá alejarse de toda confrontación estéril, de vanas instrumentalizaciones políticas, para discurrir con sensatez y sentido de estado para buscar esos puntos de encuentro que nos permitan confluir desde posiciones colaborativas.

Partimos de una prolífica actividad parlamentaria en el estudio previo, con la necesaria aportación de los especialistas. Expertos que no pueden quedarse al margen en el análisis y en las propuestas. Como muy bien establecía el profesor Pendás, Director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, “es la hora del poder constituyente constituido” que evite cualquier mutación constitucional al albur de modas ad hoc.

Hace falta revitalizar nuestro sentimiento constitucional desde el mismo respeto a la propia Constitución y las leyes. Ese respeto que los propios expertos nos trasladan para dar estabilidad institucional a un Estado multinivel. Una estructura administrativa con una hiperinflación normativa que debe hacernos reflexionar para, legislando menos y mejor, armonizar y mejorar la calidad legislativa. Solo así podremos trabajar, desde la lealtad institucional, en un Texto que cumpla su inequívoca función de legitimar social y jurídicamente a nuestra compleja sociedad. Sociedades magmáticas, con una gran fragmentación del poder que necesitan referentes claros y potentes para conciliar una mejor convivencia entre todos.

Dos modificaciones en estos casi cuarenta años, para un Texto que contó con el 88’54 % de aprobación del pueblo español. Un porcentaje que nos da una idea de la complejidad para alcanzar el máximo consenso que la tarea requiere. Y no es baladí la referencia, pues nuestra Constitución ha sido la responsable de la indudable estabilidad de la que hemos disfrutado en estos años, con el mayor avance socio-económico de nuestra historia. Tocar toda la arquitectura constitucional requiere mucha delicadeza. Pero las vicisitudes de estos años, esas experiencias vividas por nuestras instituciones y ciudadanos alrededor de nuestra Carta Magna, deben hacernos ver qué aspectos son susceptibles de perfeccionarse, entre todos y para todos.

Personas y territorios tienen que verse reflejados en un trabajo que debe flanquear barreras partidistas y trincheras ideológicas, para centrarse en el terreno de lo tangible. Desde el del sentido común, aunando sensibilidades, resolviendo viejas reclamaciones, históricas y legítimas. Eliminando disfunciones evidentes, porque las bases del sistema siguen siendo válidas. Un sistema que debe insistir en una verdadera sostenibilidad corporativa del Estado, desde el respeto, el compromiso cívico y con el apoyo más amplio posible. Solo así podremos generar un verdadero liderazgo constitucional.

Todo un reto para un país que aportó la Constitución más liberal de la Europa del XIX, y una Transición Política que asombró al mundo en el ocaso del XX. Un país que necesita reencontrarse a sí mismo, desde la diversidad y pluralidad que lo enriquece. De ahí la importancia de mejorar nuestra Constitución, porque hacerlo es mejorar también la propia convivencia de todos los españoles. Tomando como referencia el espíritu de aquel pacto histórico del 78, para seguir construyendo, entre todos, ese proyecto común que es España.