Xiaomi sí, Xiaomi no

Para quien no conozca a Xiaomi, se trata de una de las startups tecnológicas del momento provenientes de China. Aunque vende un amplio abanico de productos de tecnología de consumo, su verdadera estrella son los smartphones.

Estamos en una era en la que, con permiso de los wearables, los teléfonos inteligentes son el producto tecnológico más personal del momento. Es por esta razón que el público vuelca una gran cantidad de entusiasmo alrededor del smartphone y no es extraño. Se trata de un dispositivo que quien lo tiene, lo utiliza todos los días para realizar una serie de tareas impensables hasta hace unos años.

Suelo decir que uno cuando sale de casa puede olvidarse de las llaves o la cartera y seguir con su rutina, pero que en el caso del teléfono daríamos la vuelta en mitad de la autopista para ir a recogerlo. Y es cierto.

Para muchos habitantes de países en desarrollo tan potentes como China, un smartphone suele ser su principal herramienta informática. Es en este contexto en el que Xiaomi, ahora Mi aunque en español su nueva marca suena raro, está experimentando un crecimiento asombroso.

Por supuesto, ha ayudado que hace unos terminales con especificaciones técnicas excelentes, una capa de personalización de software que va más allá de lo habitual y que realmente aporta valor al usuario además de una serie de servicios específicamente desarrollados para el mercado chino. Así como una estrategia de marketing y ventas muy concreta que ahorra en publicidad normal para apoyarse más en las redes sociales.

A Xiaomi se le ha apodado la “Apple de China”, por sus maneras, presentaciones y la indiscutible copia de los productos de la manzana mordida. Pero lo que realmente importa de esta compañía nacida de la nada hace 4 años es su modelo de negocio: Xiaomi vende a coste muy cercano a cero y busca rentabilizar el hardware con servicios.

A pesar de vender decenas de miles de terminales de cada “batch” en apenas unos segundos siempre que los ponen a la venta, existe un gran interés por conocer los números de Xiaomi.

La compañía apenas suelta prenda y se deja cortejar. La inminencia de sus planes de salida a bolsa, necesarios para invertir en su expansión internacional, hizo que se filtraran unos documentos muy reveladores. Provenían de un banco de inversión y en ellos se afirmaba que Xiaomi había generado unos beneficios de 566 millones de dólares en 2013, un 84% más que el año anterior.

Sin embargo, Reuters se hacía eco esta semana de unos documentos enviados al regulador chino. Según esto, la cifra real de beneficios netos en 2013 sería de tan sólo 56 millones de dólares. Una portavoz de la startup confirmó la cifra pero aclaró que no representaba la totalidad de su negocio.

Es fácil entender el entusiasmo y fascinación de Occidente con una empresa como Xiaomi. Un fabricante que ahora mismo es el tercero en número de smartphones vendidos en el gigante asiático. Algo que cambiará con seguridad el trimestre que viene cuando Lenovo integre en su negocio las cifras de Motorola.

Xiaomi está y seguirá estando de moda en los círculos tecnológicos, pero en lo que respecta a la fiabilidad de sus números y solidez financiera habrá que valorarla con cuidado.

Eduardo Archanco