Benimaclet estudia crear su propia moneda

La asociación de vecinos de Benimaclet se ha llevado deberes para casa estas vacaciones. La junta acordó empaparse de toda la información posible sobre las diversas monedas sociales que han surgido y proliferado en España antes de que concluyera 2013. Y acaba de lanzar la pelota sobre el tejado del vecindario preguntando cuál es la opinión de los residentes, si consideran viable y necesaria una moneda como el Orué de Ruzafa y pidiendo voluntarios para formar parte de un grupo de trabajo y desarrollo. 

Todo apunta aque la iniciativa pionera de Russafa Innova, la implicación de comerciantes y vecinos y el desarrollo de iniciativas sociales a partir de la ‘riqueza’ generada, son inspiradores de este otro barrio y para otra nueva pieza de cambio todavía sin nombre. 

Esta vendría a engrosar la cifra nada desdeñable de experiencias de pago alternativo de España. Superan las 70, Orué, Uma, Zoquito, Eco, Res, Boniato, Ecosol, Expronceda, Jara, Pita… generadas por asociaciones de comerciantes, agrupaciones de vecinos, cooperativas, grupos de profesionales autónomos, redes de empresas… 

El trasfondo en todas ellas, aunque cada una tenga sus peculiaridades, características y contextos por las circunstancias sociales o necesidades económicas del seno en el que nacen, tienen como finalidad impedir que las ‘comunidades’ se queden paralizadas ante la crisis, el paro o la escasez de emprendedurismo en un determinado sector. En definitiva, dinamizar la economía local a partir de la cual generar una red de buenas causas, desde el impulso a la tienda de barrio hasta el desarrollo de proyectos sociales, medioambientales, ecológicos, sanitarios… 

Julio Gisbert, autor del libro y blog Vivir sin empleo, también asesor en el diseño del Puma de Sevilla o el Expronceda de Almendralejo, recientemente hacía unas declaraciones explicando que el dinero legal “es escaso, pero el dinero local, el dinero que podemos crear nosotros es tan abundante como nuestros propios recursos”. Según el experto, las comunidades “están creando su propio dinero exclusivamente como herramienta de intercambio, sin esa característica que tiene el dinero legal de ser depósito de valor. El dinero social no interesa acumularlo”.

En el caso del Orué de Ruzafa, nació a partir de la iniciativa de Russafa Innova, con el apoyo explícito de la Asociación de Vecinos de Russafa, la Asociación de Comerciantes Russafa-Gran Vía, la Asociación de Hosteleros, la Escuela de Artesanos, el Instituto Blasco Ibáñez, y asociaciones culturales, como Jarit.

Es virtual para evitar el gasto de imprimir el billete y las falsificaciones y, sobre todo, para evitarles a los comerciantes el tener que hacer una doble caja”, explican sus promotores. El usuario dispone ya de una tarjeta individual y personalizada que sirve para “autenticar” el cliente de esa ‘banca online’. Las recargas en la cuenta se hacen a partir de un saldo inicial de 10 orués y la interacción se realiza exclusivamente con los comercios adheridos a la iniciativa. 

Para el comercio tiene la misma función que el cupón, es una manera de fidelizar clientes y para el barrio supone el favorecer y potenciar la solidaridad entre las personas que habitan espacios comunes, junto con los negocios locales del barrio.

El orué concita en un solo concepto la solidaridad de las llamadas ‘cadenas de favores’, la fidelización de los clientes a la economía local,  y el refuerzo del entramado social de la comunidad” sostiene Arístides Rosell, un cubano de apellido muy valenciano que aterrizó en Valencia hace más de 20 años, uno de los impulsores de la moneda. Para Agustín García, el segundo hombre clave en el arranque de la iniciativa, va a permitir la comercialización “sin especulación, con transparencia en la gestión”.

El orué no tiene intereses, ni permite invertir, ni hacer operaciones especulativas, no merece la pena ahorrarlo y lo interesante es que circule”, afirma la asociación, y el fondo generado se destina a fines sociales e iniciativas solidarias para el crecimiento del barrio. 

Por ejemplo, con la moneda social Puma su cofundarora ha podido desarrollar un proyecto propio de distribución de mermeladas artesanales pese a encontrarse en paro. 

Entre las experiencias internacionales, Res fue promovida desde las Pymes y para su impulso en Bélgica y está en marcha desde hace 15 años. Su modelo de referencia es el Wir de Suiza que es complementario al franco suizo y arrancó ya en 1934. Actualmente cuenta con 60.000 empresas implicadas.