Empresas zombies y empresas supervivientes

A estas alturas de la crisis ya se puede concluir que en el tejido empresarial valenciano hay empresas zombis y empresas supervivientes. Quiero decir, aquellas que resisten porque están empeñadas en resistir a cualquier precio y contra todo pronóstico y aquellas que han superado las angustias de la crisis y están lanzadas al mercado. Las primeras son muertos vivientes y las segundas están plenas de vida.

No hace falta dar muchos nombres de las empresas zombis. Las tenemos en la punta de la lengua porque son muy conocidas. Fueron grandes marcas, grandes empresas, habitualmente relacionadas con el sector de la construcción y afines o que desviaron fondos hacia estos negocios y que la burbuja les cogió en plena faena. Y con grandes propietarios. Hay docenas.

Tienen características muy claras:

1.- Son extractivas.
2.- En los años buenos los beneficios se repartieron entre los socios.
3.- Empresa descapitalizada y dueños muy ricos.
4.- Utilización masiva de crédito para crecer.
5.- Endeudamiento brutal para ampliar negocio, compra de solares, maquinaria.
6.- Capacidad de producción por encima de la demanda.
7.- Costes de producción muy altos.

Estalló la burbuja y el primer paso fue neutralizar la acción de los bancos. Grandes negociaciones, quitas y acumulación de deudas e intereses que no podían ser devueltos por la escasa actividad de la empresa, prácticamente dedicada a subsistir. Despidos a mansalva, producción a cero, etc.

En este video queda muy claro cómo fue la bancarrota: http://www.juandemariana.org/video/6632/bancarrota/documental/instituto/juan/mariana/

Si en ese momento estas empresas hubieran optado por cerrar y salirse del mercado el daño hubiera sido limitado, por cuanto los socios todavía tenían capital propio para iniciar otros negocios. Pero ni los bancos lo permitieron ni el orgullo de los dueños consentía. ¿Cómo vamos a cerrar si somos los más ricos?

Y el tema acabó con la aportación de renta personal para intentar mantener la empresa. Como el negocio y la gestión anterior ya no sirven para el momento actual, esas empresas viven como zombis. Por mucho nombre que arrastren y mayor facturación que tuvieron, ahora son solo un muerto viviente que nunca resucitará. ¿Por qué viven si están muertos? Por qué les puede la soberbia. Nunca reconocerán sus errores.

¿Y las supervivientes de este cementerio? No es que fueran empresas con dirigentes y socios tan inteligentes que no cayeron en la burbuja. De eso no se salvó nadie. Pero actuaron de otra manera:

1.- Son empresas inclusivas.
2.- Son productivas, no especulativas.
3.- Los socios no drenaron el capital de la empresa.
4.- Han trabajado lo justo con el crédito.
5.- Ajustes de costes con cambio de sistema de producción.
6.- Incentivos a trabajadores y proveedores.

Han tenido problemas (Margin Call es una película que señala hasta dónde puede llegar la codicia: http://youtu.be/HY0D61Wh5PI).

Pero también les estalló la crisis en la cara, porque la codicia afecta a todos y también creyeron que los crecimientos del mercado de la década pasada iban a durar toda la vida. La fiebre del pelotazo afectó a todos.

Pero reaccionaron pronto y cumpliendo los puntos citados anteriormente entraron rápido en el mercado extranjero a base de precio y competitividad. Y sobre todo lo hicieron con fondos propios antes de entrar en más endeudamiento. Poco negocio con los bancos, que significan incrementar la deuda y los intereses para salvar una empresa insalvable.

Algunas han preferido presentar concurso de acreedores antes que mantenerse en la mentira de que con esa marca nada podía ir mal. Y el concurso les ha permitido reajustar su dimensión, dimensionar las deudas e incluso plantearse otra actividad que ha permitido al negocio mantenerse. Lo importante es el negocio no la empresa. Un error cometido por las empresas zombis.

Y sobre todo estas empresas supervivientes han sabido adaptarse a las nuevas demandas del mercado. La administración ya no es cliente, ni siquiera para mantener la facturación. Y el competidor no es uno del pueblo de al lado, sino uno de Egipto, otro de Rumanía o, por supuesto, un chino. La deslocalización no es solo cuestión de dónde tienes la fábrica, si no dónde tienes la competencia. Y más. El trabajador ideal para este proceso ya no es ese que está toda la vida con el jefe. Es muy duro. Pero también en el trabajo sobrevive quién tiene habilidades para hacerlo y tiene ganas de hacerlo. También hay trabajadores y parados zombis y supervivientes.

Jesús Montesinos
www.jmontesinos.es