Jesús Hermida, o la virtud filosófica del periodismo

Duelo en el mundo del periodismo por la muerte de una de las banderas que durante más tiempo y con más fuerza ondeó en el pabellón español.

El repentino fallecimiento de Jesús Hermida (Ayamonte, Huelva, 27 de junio de 1937 – Madrid, 4 de mayo de 2015) a sus 77 años deja un vacío difícilmente reemplazable para la historia del periodismo moderno en España. Un pionero televisivo, cercano y con estilo porpio que alcanzó las cotas más altas hasta, casi, pisar la Luna.

Hermida se inició en el periodismo en prensa escrita y desde abajo. Su dominio del inglés a finales de los años 60 le valió para, con ya cierta trayectoria en TVE, ganarse la corresponsalía de Nueva York.

En 1969 acercó a toda una generación el acontecimiento del siglo. Los españoles, pegados al televisor y a través del único canal visible, acompañaron a Neil Armstrong dando los primeros pasos en la Luna. El ya inconfundible sello de Hermida, con su narración y estilo tan particular, dejó una documento para el recuerdo.

No volvió a España hasta 1978, trás más de una década en EEUU. Se topó de lleno con la Ley de Incompatibilidades que le obligó a elegir entre televisión y radio, decantándose por esta última.

El nacimiento de las televisiones privadas en España lleva el sello inconfundible de Jesús Hermida. Cogió las riendas de los programas emblema de Antena, que quedará para siempre ligada a su voz y su rostro.

Jesús Hermida deja en la televisión española un legado intangible aún más importante. Fue fundador de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión, que presidió en su primera etapa.

En una suerte de vaticinio, Hermida entrevistó en enero de 2014 al entonces rey Don Juan Carlos con motivo de su 75 aniversario. Dos veteranos en el ocaso de sus carreras, que compartieron charla con cercanía, humor y sinceridad.

Ágil e inconfundible. Sagaz, inteligente y mordaz. Jesús Hermida trascendió su trabajo y creó el germen de lo que hoy se entiende como periodista, dejando atrás la figura del mero locutor y añadiendo la nota de personalidad que hoy resulta inherente a la profesión.

FOTO: RTVE