La valla maldita de Viveros

La valla de Viveros vuelve a lucir las características telas metálicas que ya son habituales en el perímetro de los jardines que recaen a la avenida Blasco Ibáñez. El enésimo coche que se empotró contra el murete de piedra abrió a finales del pasado año un nuevo boquete que todavía no ha sido reparado.

El espacio está protegido como jardín histórico en la última revisión del Plan General de Ordenación Urbana, lo que no impide que cada año sufra, al menos, el impacto de un par de vehículos. El último accidente en el que un coche aterrizó dentro de la zona verde tuvo lugar las pasadas Navidades y sin dar tiempo a la reparación, el pasado día 2 se produjo un nuevo choque de menor alcance.

El Ayuntamiento de Valencia cada vez tarda más tiempo en reparar los desperectos. Por una parte porque el coste es elevado, la reparación podría ascender a 15.000 euros, y como sucede en este tipo de daños al patrimonio municipal, el consistorio carga los gastos al conductor o al seguro del vehículo. Esto no ayuda a agilizar los trámites.

Otro de los motivos de la demora es que el Ayuntamiento de Valencia ya no cuenta con la antigua Brigada de Monumentos. Esta patrulla municipal estaba formada por un grupo de funcionarios y un cantero que se dedicaban en exclusiva al mantenimiento y conservación de lo edificios históricos. De estos trabajadores municipales, tan sólo queda uno en activo que se jubilará el próximo verano, sin que la corporación tenga previsto cubrir las plazas vacantes.

De momento, la valla del jardín de Viveros continúa sin reponerse después de dos meses y medio desde que se registró el accidente más grave y tampoco parece que estará reparada para los conciertos de Fallas que albergará el recinto la próxima semana.

Además de los continuos destrozos en la valla, los Viveros han sufrido también ataques vandálicos contra las esculturas de Ponzanelli que decoraban los jardines y que obligaron a la Concejalía de Cultura a retirarlas para exhibirlas en el Museo de la Ciudad y han visto como los okupas invadían la biblioteca municipal que nunca se abrió al público tras su saqueo.