¿Para qué sirven los bancos?

Paco, que es un cliente de TIC Management, está que se lo llevan los demonios. Paco es un empresario de toda la vida, de esos que han vivido una crisis tras otra -prácticamente cada dos semanas, eso es ley de vida de empresario-,  por eso muchas de las cosas que escucha en los medios en estos últimos meses le parecen patrañas, porque nadie le explica qué está pasando con los bancos.

-¿Por qué ya no realizan lo que hasta hace un par de años era su trabajo “normal”, que es facilitar crédito a quien lo necesite y lo pueda devolver?-, era su pregunta.

Después de un par de horas de conversación con alguna palabra más alta que otra conseguí convencerle de que los bancos tienen razón en que no pueden ser socios de las empresas. Quien debe asumir riesgo es el empresario, no la entidad financiera, y no prestar al primero que pase de la puerta de la oficina. Entonces Paco, que es un tío con mucha batalla, me desarmó con la lógica de la experiencia:

– ¿Entonces por qué cobran un interés más alto que la subida de precios? ¿no se supone que en ese precio va incluido también el riesgo de que no te paguen? Al menos en los precios de mis productos yo repercuto un porcentaje de posible impago de otros clientes. Y si tengo que,  además de pagar intereses, garantizar con mi patrimonio personal ¿no estoy pagando los mismo dos veces? ¿No sería lo mismo acudir a una casa de empeños con mi patrimonio? Total, se comportan igual…

No me dio tiempo a rebatir sus argumentos cuando soltó a bocajarro lo que me hizo reflexionar seriamente sobre el sinsentido de la situación actual:

– Y si tengo unos pagarés o recibos, no te digo ya facturas o contratos, de clientes que son primeros espadas de la economía nacional ¿por qué tengo que seguir avalando con mi patrimonio personal que no cumplan con sus pagos, cosa que es imposible? ¿Por qué no me dan una línea garantizada por la solvencia de los propios clientes, como siempre se ha hecho?.

Al volver a mi despacho, fastidiado por no haber podido responder como debiera a Paco, recordé los años en que se concedía crédito simplemente con unas previsiones hechas en Excel y el nombre de los socios, como si los apellidos ilustres garantizaran una buena gestión. En cambio ahora quizá sigan sirviendo los apellidos, pero ya no contratos, facturas, reconocimientos de deuda, pagarés, comprobaciones de ingresos recurrentes o un histórico intachable. La misma irracionalidad en el despilfarro – pagado por todos – se ha convertido en la irracionalidad de la desconfianza. Y la economía con desconfianza se bloquea.

La única esperanza que nos queda, campañas publicitarias del FROB aparte, es la acción e inteligencia colectiva. Y así nos encontramos con pequeños inversores que se están movilizando en iniciativas muy serias y muy pensadas de crowdfunding, pequeños fondos de inversión en busca de proyectos y operaciones interesantes,  y otros vehículos que, pese a ser de momento  hormigas en comparación con los elefantes de las todopoderosas entidades financieras, pueden empezar a molestar y a restar credibilidad al modelo tradicional. No van a sustituir -de momento – a las fuentes ahora inexistentes de financiación de circulante de las PYMES y start ups, pero ya cuentan en su bagaje con unos cuantos proyectos de inversión. Y cuidado con las velocidades de desarrollo de las ideas, que no son las de hace dos años. Son muy superiores. Exponencialmente superiores.

Exploraremos más adelante, abusando de VLC News, las formas de financiación espontáneas que están surgiendo para cubrir las necesidades que el sistema anticuado actual no cubre. Y quizá los ejecutivos de las entidades financieras debieran hacerlo también. Las mordeduras de hormiga pueden producir urticaria muy molesta.